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EDITORIAL

Pablo Iglesias bolivarianiza el Congreso con la complicidad de Patxi López

El Gobierno del socialista Pedro Sánchez y el comunista Pablo Iglesias sigue adelante con su campaña de demolición del orden constitucional.

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Tras su repulsiva comparecencia en la mal llamada Comisión de Reconstrucción, el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, ha dejado indecentemente claro que el Gobierno social-comunista no quiere utilizar dicho foro parlamentario para nada que no sea señalar y acosar a la oposición como lo hacen los asesinos que detentan el poder en Venezuela, a los que el podemarra Iglesias se ha hartado de ensalzar.

El Gobierno del socialista Pedro Sánchez y el comunista Pablo Iglesias sigue adelante con su campaña de demolición del orden constitucional, que incluye la demonización de los partidos de centro-derecha que no abracen el apaciguamiento, la desactivación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, el asalto al Poder Judicial y la corrupción vía hipersubvención de los grandes medios de comunicación.

El fin último está más que claro, y el que no quiera verlo cierra los ojos a la evidencia: como han hecho siempre los comunistas, Iglesias acusa falsamente a los demás de lo que él quiere hacer de verdad, que es subvertir la legalidad y hacerse con un poder sin cortapisas.

Sin vergüenza, el comunista Iglesias, que venera al golpista Lenin, al golpista Chávez y a su semejante Maduro, ha acusado a Vox de querer dar un golpe de Estado pero no tener valor para ello. Qué manera de proyectar, la del podemarra cobarde que huyó de Vallecas a Galapagar y ha ordenado que extremen la vigilancia sobre su mansión de millonario para que nadie le afee su tremenda responsabilidad en la calamitosa gestión que ha hecho su Gobierno de la crisis del coronavirus, que se ha cobrado la vida de decenas de miles de españoles.

El potentado podemarra se ha comportado como lo que es sin que el presidente de la Comisión, Patxi López, le importunara lo más mínimo. Menudo papelón el del ex lehendakari, tan entreguista y servil como siempre, tan sectario e incompetente. Tan incapaz incluso a la hora de rectificar, pues lejos de pedir perdón se limitó a presentar unas disculpas sentimentaloides en las que cometió la bajeza de afear a todos su actitud. El culpable ha sido uno, el indeseable Iglesias, indigno de ser vicepresidente del Gobierno: no denunciarlo así es injusto y miserable.

En la sede de la soberanía nacional, el liberticida Iglesias ha hecho lo que hacía el asesino Hugo Chávez y hace su semejante Nicolás Maduro: acusar a sus rivales de golpismo para perseguirlos con implacable saña. Es en este contexto, no en el de un rifirrafe parlamentario normal o en el de un mitin electoral, donde hay que enmarcar lo que ha sucedido este jueves en el Congreso, con la infame pasividad del obsecuente y servil Patxi López. La situación es extremadamente grave.

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