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Pactos contra natura para subvertir la voluntad mayoritaria

EDITORIAL

Las ansias de poder de nuestros políticos bien pueden conducir a la formación de gobiernos inestables y contra natura que, lejos de gobernar de acuerdo a los deseos de la mayoría, subviertan su voluntad en nombre de minoritarios intereses espurios. (Volver)
Carmina dijo el día 5 de Junio de 2011 a las 08:15:00:

Rosa Diez ha cometido un gran error que la pasara factura. Muchos que la hemos votado no la volveremos a votar, esta decision le hara perder muchos votos y confianza en las generales.

gracian dijo el día 30 de Mayo de 2011 a las 14:00:38:

Pues disiento con todo respeto: la realidad es que los ciudadanos no han optado y eso pone en juego un mecanismo que faculta a los políticos optar por ellos. Esas son las reglas. La ilusión democrática llega hasta la urna, y ni un centímetro más. El derecho de sufragio se agota en el acto de la votación, y no se traduce en la composición de los órganos políticos necesariamente.

Nadie puede pretender con seriedad "interpretar" una voluntad que sencillamente no existe. Por lo demás, no faltarán nunca tentaciones de jugar a pitonisos a costa de los resultados electorales, todo con tal de mantener la fantasmagoría y no denunciar esa delegación de funciones que en el fondo lo es de soberanía.

Que en España el ganador de las elecciones no tiene por qué ser quien gobierne es un hecho premeditado por más que choque o disguste y ciertamente no ha disgustado hasta ahora a los políticos, que han usado su poder a discreción según les ha convenido en cada momento.

La solución de tan simple como es dudo que no se le haya ocurrido a nadie: una modificación legal para que se disuelvan ipso facto aquellos órganos dónde un partido no se alce con la mayoría absoluta convocando un nuevo proceso electoral. No es una segunda vuelta aunque se le aproxima bastante. Que sea el pueblo y no los políticos quien decida algo tan elemental como quien debe gobernar.

Un sistema de elección como el que se sugiere forzaría la aparición de un fenómeno desconocido por estos lares, a saber, las coaliciones preelectorales lo que acabaría con las excusas para los oráculos y adivinos de la voluntad general.

No se ha hecho hasta hoy que es tanto como optar por seguir mirando los hígados de las ocas y los vuelos de los pájaros para interpretar el futuro en vez de dejar al pueblo decidirlo sin más cataplasmas. Y es que aún es moneda de curso común la fútil creencia en las bondades cierto "pluralismo" deletéreo, ese que les permite decidir por nuestro bien






monele dijo el día 30 de Mayo de 2011 a las 10:58:05:

Todas estas disfunciones, en la aplicación torticera de una norma ,aprobada en su día , en beneficio de que los nacionalistas no se fueran al monte , ¿han bajado acaso ? nos presenta de golpe todas las fechorías que están dispuestos los políticos a realizar ,con tal de seguir disfrutando de su poder.
¿La lista más votada ? segunda vuelta ?
Lo que está encima de la mesa, para algunos, es ese "cogersela con papel de fumar democrático " que si el voto de las mayorías , que si el voto de las minorías ,que si hacen declaraciones ,como si eso tuviera consecuencias .
Getafe y Leganés son, por su importancia ,espejos en los que habrá que mirarse , después que nadie venga con el sonsonete de que no sale en la TV ni en la prensa .

Senex dijo el día 30 de Mayo de 2011 a las 10:18:46:

Si es una exigencia democrática el respeto a la voluntad de las minorías, una cierta subversión de la voluntad mayoritaria sería condición sine qua non. La perversión del sistema aparece cuando un conjunto de minorías e incluso cuando una mayoría absoluta se confabulan o da fe pública, si es el segundo caso, para anular la voluntad, cualquiera que esta sea, de otras formaciones políticas concretas, aunque alguna de éstas fuera la mayoritaria relativa. En nuestra vida política, esta perversión parece ser el pan nuestro de cada día. Es un consuelo relativo que, según parece, se acaban pagando en los comicios subsiguientes. Creo que cualquier otro sistema adolecería de disfunciones de análoga gravedad. Para limitarlas, se me ocurre que sería adecuada la reducción eficaz de la acotación, por leyes orgánicas y por la misma Constitución, de los ámbitos de decisión reservados al ejercicio de la praxis política ordinaria. En definitiva, más Derecho y más Estado de Derecho.

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