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Madrid

EDITORIAL

Pedro Nerón Sánchez se dispone a salvar Madrid

El pirómano dándoselas de bombero es un espectáculo bochornoso que en la España de los cincuenta mil muertos tiene maldita la gracia.

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La obsesión enfermiza de la izquierda con la Comunidad de Madrid tiene una explicación harto sencilla: socialistas y comunistas odian que sea la región más próspera de España y la que más riqueza y bienestar genera. No por casualidad, no la gobiernan desde hace un cuarto de siglo.

Madrid es, qué duda cabe, la pieza mayor de la cacería lanzada por Sánchez y su banda social-comunista, asistida por golpistas y proetarras, en tanto que se ha convertido en el símbolo de la resistencia a sus desmanes miserabilizadores y liberticidas. Las fuerzas de la izquierda  siniestra pretenden derrocar a Isabel Díaz Ayuso y para ello recurren a los métodos más mafiosos y rastreros.

La ofensiva político-mediática contra la presidenta Ayuso está provocando verdadera alarma y grima por la repulsiva utilización que se está haciendo de la crisis del coronavirus, donde el doble rasero es escandaloso y retrata, precisamente, a quienes lo practican con tanta desfachatez.

La decisión del Gobierno madrileño de introducir medidas de aislamiento en determinadas zonas de la región no tiene que ver con segregaciones de clase de ningún tipo, como proclama la izquierda goebbelsiana, sino con la necesidad de reducir al máximo la expansión del coronavirus. Se podrá estar de acuerdo o no con ellas, pero lo indecente es cebar la crítica con intoxicaciones desinformadoras. Lo que resulta evidente es que son medidas mucho menos restrictivas que el confinamiento general dictado por el falsario Pedro Sánchez –sin vergüenza, ahora dice que no hubo tal– a toda España cuando los muertos se contaban por millares. Pero lo que perdonaron a Sánchez y perdonan a tanto mandatario local o autonómico izquierdista no se lo toleran a Ayuso, que en primavera tuvo que lidiar prácticamente en solitario con los peores efectos de la pandemia ante la inacción incalificable del Gobierno social-comunista.

El colmo es que el incompetente, el ausente Pedro Sánchez que se ha relajado como un nerón mientras España sufría la peor campaña turística de que se tenga memoria se presente como el salvador providencial que acude en socorro de Ayuso y de sus conciudadanos madrileños, a los que se ha cubierto de oprobio sin que el presidente impresentable dijera una palabra en su favor. El pirómano dándoselas de bombero es un espectáculo bochornoso que en la España de los cincuenta mil muertos tiene maldita la gracia.

Sánchez debería tener la decencia de dejar de ir de lo que no es y, en cambio, cumplir de una vez con sus obligaciones, que pasan indefectiblemente por asistir al Gobierno regional de Madrid con los recursos económicos, sanitarios y de seguridad que precisa para hacer frente a una pandemia de la que el Ejecutivo social-comunista es tremendamente responsable.

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