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EDITORIAL

Perfil de ganador

Liberado de esas servidumbres voluntarias que constituyen el exceso de confianza y los complejos y perfiles bajos, la superioridad dialectica de Rajoy se manifiesta de forma tan clara como ha quedado patente en este primer debate

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La espléndida intervención de Rajoy en su primer cara a cara frente a Rodríguez Zapatero ha dejado por enésima vez en evidencia que al único adversario que el candidato popular ha de temer es al exceso de confianza y, sobre todo, a los complejos y perfiles bajos inducidos que, con frecuencia, atenazan su sentido común y desbaratan su liderazgo. Liberado de estas servidumbres voluntarias, la superioridad dialéctica del candidato popular se manifiesta de forma tan clara como ha quedado patente en este primer debate.

Desde el primer momento y sin medias tintas, el candidato popular se ha lanzado al ataque, con convicción y seguridad, marcando el terreno a un Zapatero, cuya única elocuencia la ha dejado en evidencia su gesto desencajado en los planos de espera.

En el primer bloque dedicado a la Economía, Rajoy ha sabido desbaratar el engañoso uso que hace el Gobierno de los datos macroeconómicos, y lo ha hecho, en primer lugar, relacionándolos con la "herencia" e "inercia" del anterior gobierno del PP y, sobre todo, contrastándolos con el deterioro que percibe el ciudadano de a pie, coincidente con los análisis más independientes, dentro y fuera de nuestras fronteras. Zapatero mientras tanto apelaba, como el que pide ayuda, a Solbes y a su encuentro con Pizarro, pero se volvía a encontrar con un Rajoy que todavía incidía más en la denuncia de una situación económica con tendencia –y esto es lo determinante– claramente negativa.

En política social, Rajoy ha sabido conectar, sin complejos y desde el primer momento, con una mayores preocupaciones del ciudadano de a pie, como es el descontrol de la inmigración, ante la que Zapatero ni siquiera se ha atrevido a mentar el otrora manido recurso de la xenofobia. Por dos veces el presidente del Gobierno ha rehuido hablar de la inmigración para, al final, tratar de equiparar la situación actual a las regulaciones puntuales llevadas a cabo por el anterior gobierno del PP. No menos contundente y merecido ha sido el varapalo dado a Zapatero en el desastroso terreno de la Educación.

Rajoy no ha permitido que el problema del terrorismo etarra se esfumara en el bloque dedicado a "Seguridad y Exteriores". Aunque a nosotros siempre nos parecerá pocas, el candidato del PP ha hecho múltiples referencias a la mentira y a la "necesidad de la mentira" que ha supuesto todo el mal llamado "proceso de paz", sin que Zapatero fuera capaz de hacer otra cosa, por su parte, que recurrir a otra mentira como es que el Gobierno del PP faltaba deliberadamente a la verdad cuando creyó que el 11-M era obra de ETA.

Rajoy ha sabido sortear el error cometido por su partido al apoyar la reforma de los estatutos de Andalucía o Valencia –reformas que sólo trataban de dar cobertura a los inconstitucionales estatutos soberanistas en las comunidades gobernadas por los nacionalistas–, señalando las enmiendas del PP que sí fueron admitidas en Andalucía. Lo mejor, sin embargo, ha sido la referencia de Rajoy al Pacto del Tinell que, de forma tan elocuente, deja en evidencia el proyecto frentista anti-PP que ha caracterizado esta legislatura, empezando por la voladura del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo.

Quizá lo único criticable de Rajoy en todo el debate haya sido su falta de claridad en su postura ante el trasvase del Ebro. Con su confusa respuesta, el líder del PP no ha contentado ni a los que están en contra ni los que están a favor de este encomiable e irrenunciable eje de un plan hídrico verdaderamente nacional. Con todo, y aunque no se haya hecho referencia a las formaciones separatistas que Zapatero ha tenido de aliadas, Rajoy ha sabido denunciar con credibilidad y contundencia los nefastos efectos de la política de este Gobierno respecto a la cohesión de España y la igualdad de todos los españoles.

Al margen de la utilización políticamente correcta de la figura de una niña como destinataria del futuro, Rajoy ha hecho un llamamiento al merito, al esfuerzo y al orgullo de sentirse español, frente al hueco discurso final de un Zapatero que ya era consciente de su derrota.

Con todo, la suerte no está echada, y queda otro debate en el que Rajoy deberá volver a demostrar que es capaz de derrotar al exceso de confianza y a los perfiles bajos que tan lejos están del perfil del ganador.


 

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