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EDITORIAL

Pompas para ocultar una miseria

Este acuerdo, tan pomposo como vacío de contenido, de nada va a servir para crear empleo, impulsar el crecimiento o restablecer sanamente el crédito para las empresas. Y sin eso, el parche no dejará de ser parche, por mucho que se cubra de tapices.

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Salón de Tapices del Palacio de la Moncloa. Paneles estampados con el nombre de un acuerdo que pretende ser histórico. Banderas de España y de la Unión Europea: este es, a grandes rasgos, el solemne escenario donde el principal responsable político de la crisis que estamos padeciendo y sus subvencionadas comparsas –léase Gobierno y "agentes sociales"– han estampado su firma a un no menos pomposo "Acuerdo Económico y Social para el Crecimiento, el Empleo y la Garantía de las Pensiones".

La pretenciosa imagen cae, sien embargo, en el más merecido de los ridículos cuando la realidad nos informa al mismo tiempo de que hemos terminado enero con 130.930 parados más; un dato aun peor que el sufrido en enero del pasado año, y que sitúa el total de desempleados en la friolera cifra de los 4.689.596.

No hay que extrañarse, pues, de que todos los partidos hayan dado plantón a Zapatero, contribuyendo así aun más al deslucimiento del circo con el que el Gobierno pretendía evocar nada menos que los Pactos de la Moncloa firmados durante la Transición. Con todo, nada debería dejar más en evidencia la farsa que el contenido de este acuerdo, que no afronta una sola de las reformas estructurales que serían necesarias precisamente para impulsar el empleo, el crecimiento y la confianza en nuestras pensiones.

Sin abordar la esencial reforma liberalizadora que requiere nuestro mercado de trabajo o la drástica reducción del gasto que deberían llevar a cabo las administraciones públicas, este acuerdo básicamente se centra en garantizar que los ciudadanos van a tener que jubilarse más tarde para cobrar la pensión. De hecho, el perjuicio ocasionado al ciudadano al retrasar coactivamente a los 67 años la edad de la jubilación no va a ser más que un parche de cara a preservar un demencial sistema publico de reparto que no puede sostenerse más que mediante paulatinos y más severos perjuicios de sus supuestos beneficiarios.

Tal vez el ahorro público que provoque este fraude institucionalizado sirva para aplacar temporalmente a nuestros socios comunitarios, especialmente a Angela Merkel, que este jueves pasará revista a nuestras cuentas. Pero lo que es evidente es que este acuerdo, tan vacío de contenido, de nada va servir para crear empleo, para impulsar el crecimiento o restablecer responsable y sanamente el crédito para las empresas. Y sin eso, el parche no dejará de ser parche, por mucho que se cubra de tapices.


 

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