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EDITORIAL

Post 19-J: el PP no debe caer en las trampas que le tienda la izquierda hundida

Una cosa es que Moreno haya logrado la mayoría absoluta y otra cosa muy distinta que Feijóo supere los 175 escaños sin perder Vox uno solo de sus 52.

La izquierda política y mediática es inasequible al desaliento: lejos de hacer un ejercicio de autocrítica y reflexión sobre lo caro que están pagando los socialistas la pésima gestión del Gobierno de Pedro Sánchez, así como sus alianzas con formaciones separatistas y proetarras como ERC y Bildu, ha decidido utilizar sus pésimos resultados en las elecciones autonómicas andaluzas para tratar de abrir una cuña no ya en la derecha sino en el propio PP, al que tratan de dividir entre "centristas y moderados", reacios al acuerdo con la "extrema derecha", por un lado, y una suerte de ala dura muy combativa con la izquierda y proclive a ver en Vox un socio natural, por el otro. Así, según el fantástico relato de la izquierda, el fracaso que deja en evidencia el 19-J no es el de un PSOE echado al monte y aliado con partidos radicales dentro y fuera de Andalucía, ni el de una extrema izquierda delirante que ha estado a punto de volver a la extraparlamentariedad. No: según la izquierda, el fracaso es el de la "falta de moderación" de Vox y del PP desacomplejado que encarna Isabel Díaz Ayuso.

Poco importa que la "populista" y "radical" Ayuso haya sido pionera a la hora dejar a un desnortado Cs sin representación parlamentaria; que el porcentaje de votos necesario para lograr la mayoría absoluta en una comunidad uniprovincial como Madrid sea mayor que en Andalucía o que Ayuso obtuviera el 44,73% de los votos frente al 43,13% conseguido por Moreno Bonilla. Poco importa también que Vox, lejos de estancarse o perder representación en Andalucía, haya pasado de ser la quinta fuerza autonómica a la tercera, con más de 100.000 nuevos votantes que le han aportado dos escaños más de los que tenía.

Es cierto que Vox ha cometido errores de bulto en esta campaña, que le han llevado a obtener resultados muy por debajo de sus expectativas. No poner en valor su influencia en la gestión económica de Moreno y tratar al PP no como un aliado sino como el foco primordial de su crítica son tan claros como el de olvidar que se puede ser contundente en el fondo sin la acritud y la afectación en las formas propias de esa caricatura extremista con la que la izquierda quiere desprestigiar al partido de Santiago Abascal y Macarena Olona.

Con todo, haría mal el PP en dejarse llevar por los cantos de sirena de la izquierda y en seguir la derrota que ha mostrado su secretaria general, Cuca Gamarra, al afirmar que han "frenado" a Vox "desde la centralidad". El éxito del PP andaluz no viene signado por frenar a Vox ni por marcar distancias con un partido con el que podría tener la necesidad de pactar en el futuro para que Alberto Núñez Feijóo llegue a la Moncloa; sino por derrotar estrepitosamente a la izquierda en su feudo por antonomasia. Una cosa es negar el extraordinario triunfo conseguido por el PP en Andalucía sin que Vox haya perdido un solo escaño y otra muy distinta, creer que se trata de la antesala de algo casi más prodigioso: que el PP logre 176 escaños en las generales sin que Vox pierda uno solo de los 52 que tiene en el Congreso de los Diputados. Por ello, el triunfo histórico del PP en Andalucía debe servir para que el PP no se autoimponga el suicida y estúpido cordón sanitario anti Vox con el que la izquierda pretende perpetuarse en el poder.

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