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9-IV-2010

¿Qué hay que hacer para que Rajoy te eche del PP?

Resulta que este jueves ha sido necesario nombrar un nuevo tesorero en el PP: Romay Beccaría. Cualquiera podría pensar que lo lógico hubiera sido hacerlo cuando el anterior inquilino de este puesto lo había dejado, aun temporalmente, hace ya unos cuantos meses. Pero parece que durante todo este tiempo, Bárcenas ha debido mantener su empleo, su despacho y su secretaria. Da la impresión de que lo único que debió ocurrir en julio de 2009 fue que borraron el cargo de la puerta de su despacho y le quitaron las tarjetas de visita.

Y aunque a nadie debería escandalizarnos que el ahora ex tesorero tuviera un "espacio" en Génova, como tampoco que Matas cobrara un sueldo del partido que ya quisieran muchos parados, e incluso quienes conservan su empleo, según aseguran desde la directiva nombrada por Rajoy. Pero el caso es que sí que nos escandaliza, y mucho. Porque no se puede pretender llegar a gobernar España tratando a los españoles como si fueran tontos sin que, al menos, unos cuantos alcemos una ceja para mostrar nuestro descontento.

En cualquier caso, ni siquiera esta extraña dimisión por partes parece haber terminado. No se ha dejado claro si seguirá teniendo despacho en Génova, pese a dejar la militancia del PP "temporalmente". Sin ir más lejos, Manuel Cobo sigue siendo portavoz en el ayuntamiento de Madrid pese a haber sido suspendido, también temporalmente. Tampoco sabemos si el partido seguirá pagándole el abogado. Ni si abandonará el Grupo Popular en el Senado, pese a que sería lo lógico. Lo único claro es que no dejará de ser senador, cosa a la que no puede obligarle Rajoy, al igual que Esperanza Aguirre no pudo forzar a los diputados de la Asamblea de Madrid imputados en el caso a dejar la cámara.

Es, en definitiva, otro abandono más o menos voluntario, como el de Matas. No un cese. No un puñetazo sobre la mesa. No una muestra clara por parte del presidente del PP, Mariano Rajoy, de que no dejará que la corrupción tenga asilo en su partido. Sepúlveda, el del Jaguar, seguirá siendo asesor del partido. Es difícil huir de la impresión de que, como en julio, esto no es más que un paripé para intentar salvar las apariencias, sin mucho éxito ni de crítica ni de público.

Ha querido el calendario que la apertura de parte del sumario de Gürtel haya coincidido con el veinte aniversario de la primera Ejecutiva de Aznar y el correspondiente acto de recuerdo. Y aunque todos los presentes hubieran querido evitarlo, era inevitable recordar la manera, tan distinta, en que el ex presidente del Gobierno gestionó casos como el de Naseiro o Cañellas. Diferencia que el propio Aznar ha parecido insinuar al indicar que "el PP era y debe seguir siendo" incompatible con la corrupción, una frase en la que está curiosamente ausente un tiempo verbal clave.

No parece que ni Rajoy personalmente ni su PP institucionalmente sean corruptos, ni que haya existido financiación ilegal del partido, por lo que sabemos. Pero con ese empeño de, según sus aduladores oficiales, no dejarse "marcar los tiempos" desde fuera está dando continuamente la impresión contraria. Aguirre echó de su equipo a los implicados al día siguiente de saberse las acusaciones contra ellos. De este modo, dio la impresión de ser la que más indignada estaba con sus comportamientos. Rajoy, en cambio, da a entender con su lenidad que Bárcenas sabe demasiado como para desprenderse de él. Y aunque no fuera cierto, es esa imagen lo que acaba quedando, la idea de que hace falta una condena a un buen número de años para que Rajoy decida al fin expulsar a alguien del partido.


 

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