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EDITORIAL

Rajoy y las adhesiones por la vía de la sustitución

Una cosa es que el PP pueda coincidir con formaciones nacionalistas a la hora de denunciar la crisis económica que atravesamos, y otra, muy distinta, que por buscar esa coincidencia se ponga sordina a la quiebra constitucional y nacional que padece España

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Que Rajoy quiere "mirar al futuro", aun a riesgo de tropezar en la misma piedra, lo deja en evidencia el hecho de que la primera entrevista radiofónica que el reelegido presidente del PP ha concedido tras el Congreso de Valencia haya sido a la Cadena Ser, el medio de comunicación que perpetró la más infame y sucia campaña de acoso que haya sufrido un partido político –en este caso, el PP– en la historia reciente de la democracia occidental.

Con todo, no tenemos ningún empacho en coincidir con Carlos Francino a la hora de considerar que "la pista" más significativa de por dónde va a circular ahora el PP es el llamamiento, aparentemente inofensivo, hecho por Rajoy en Valencia destinado a tratar de impedir que haya un "voto útil" en favor del PSOE con tal de que no gane el PP. De hecho esa es, en distintas variantes, la afirmación más repetida por Rajoy desde que anunciara su intención de seguir al frente del PP tras perder las últimas elecciones.

Entonces dijo Rajoy aquello de que "debemos evitar que el PSOE se convierta en el refugio de los recelos que causa el PP en algunos territorios". Posteriormente designó unos portavoces del PP de tan acomodaticio perfil bajo de oposición que, ciertamente, no causan el menor recelo entre los adversarios del PP. A eso le siguió una filtración de La Razón –no desmentida entonces por Rajoy y confirmada esta semana en ABC– de la ponencia política que buscaba un acercamiento "simpático" a los nacionalistas de CiU y del PNV. Tal es el deseo de Rajoy de evitar que el PP cause recelos entre sus adversarios que llegó incluso a enseñar la puerta a liberales y conservadores. De hecho, Rajoy ha preferido causar recelos a personas como María San Gil u Ortega Lara con tal de no provocárselos a los adversarios de su partido.

Entiéndasenos bien. Es cierto que el voto útil procedente de Esquerra Republicana, PNV o IU que ha respaldado al PSOE en estas últimas elecciones ha compensado a los socialistas los más de 700.00 votantes no nacionalistas que Zapatero ha perdido en favor del PP y UPyD. Ahora bien, renunciar a que el PP siga siendo –y lo sea en mayor medida– el refugio de los recelos que causa la deriva nacionalista del PSOE y, en su lugar, ponerse como nuevo objetivo el que la izquierda radical y los nacionalistas no vean en el PSOE de Zapatero algo siempre preferible al PP, es algo no sólo estéril sino suicida para la formación que todavía preside Mariano Rajoy. Naturalmente, es conveniente que el PP busque nuevos votantes, pero que lo haga sin decepcionar a los propios y buscando a los nuevos entre el electorado no nacionalista que todavía conserva injustamente el PSOE. Esa es, además, la única forma de buscar adhesiones por la vía de la afiliación, en lugar de hacerlo por la vía de la sustitución de principios y de votantes.

De la misma forma que hay cambios cuantitativos que, por su cuantía, deben ser considerados cualitativos, hay diseños estratégicos que, por su diseño, pueden conllevar una deriva ideológica. Una cosa es que el PP pueda coincidir con formaciones nacionalistas a la hora de denunciar la crisis económica que atravesamos, y otra, muy distinta, que por buscar esa coincidencia se ponga sordina a la quiebra constitucional y nacional que padece España por culpa, precisamente, de buscar el acuerdo con los nacionalistas. Los nacionalistas ya han dado muestra de hasta qué punto son capaces de dejar en un segundo plano la economía con tal de poner a salvo sus empobrecedores delirios identitarios.

Esperemos que el PP corrija el rumbo, pero nos tememos que el "marianismo" no sea más que las cuatro palabras "centro, mujer, diálogo y futuro" con las que lo ha identificado el propio Rajoy. No hay que extrañarse de que Zapatero esté tan satisfecho de seguir viéndolo como líder de la oposición, como lo han estado los de la Ser al hacerle la entrevista.


 

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