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EDITORIAL

Repartiendo las culpas de la ruina económica

Lo peor de la Conferencia de Presidentes no ha sido su manifiesta esterilidad en todos los campos –excepto en el de las relaciones públicas–, sino la rueda de molino con la que Zapatero quería hacer comulgar a las ocho autonomías gobernadas por el PP.

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La Conferencia de Presidentes autonómicos ha salido como cabía esperar. Era el último cartucho de Zapatero para validar su plan de Economía Sostenible. Para sacar adelante un proyecto de semejante envergadura que, por su naturaleza socialdemócrata e intervencionista, empeorará la crisis, el Gobierno necesita del concurso del principal partido de la oposición. Por suerte, esta vez los populares han sabido estar a la altura de las circunstancias y se han negado en redondo a caer en la trampa que su anfitrión les tenía preparada.

Porque lo peor de la Conferencia de Presidentes no ha sido su manifiesta esterilidad en todos los campos –excepto en el de las relaciones públicas–, sino la rueda de molino con la que Zapatero quería hacer comulgar a las ocho autonomías gobernadas por el PP. Luego, cuando el perverso truco no ha funcionado, Zapatero ha montado en cólera y se ha colocado ante las cámaras para arremeter con toda su furia contra los de Rajoy.

Los acusa de interés partidista y de no querer arrimar el hombro ante la crisis económica. Pero no es así. Lo que Zapatero ha presentado a los presidentes populares era un órdago por sorpresa. Pretende legitimar su acción de Gobierno sobre los barones del Partido Popular, lo que no deja de ser chocante y de servir para retratar a Zapatero en su misma esencia de aventajado trilero político. Al final, le ha salido el tiro por la culata, al menos por ahora. Tendrá el presidente que inventar algo nuevo o recurrir a alguna contraprestación fuera del debate propiamente económico, para que el PP rinda armas y apruebe los planes gubernamentales de convertir España en uno de los países más intervenidos de Europa.

Por encima de la frustración, manifestada especialmente por Feijoó y Sanz en el receso de mediodía, que ha causado en los presidentes autonómicos del PP esta larguísima e inútil conferencia, queda la arrastrada situación de nuestra economía, a la que ningún político sabe encontrarle solución. La crisis, que en breve entrará en su tercer año, no sólo no remite sino que se agrava a cada mes que pasa. El desempleo sigue aumentando, las empresas siguen cerrando y el déficit público, convertido por Zapatero en una suerte de elixir mágico, se ha disparado hipotecando dramáticamente la recuperación que cada día se vislumbra más lejana.

Los planes de Zapatero son más de lo mismo: más impuestos, más rigideces, más gasto público; menos competitividad, menos empleo, menos riqueza. En definitiva, más socialismo y menos libertad. La manifestación sindical del pasado sábado es el símbolo de la España que Zapatero construye decidido aprovechando los problemas derivados de la crisis económica. Espera, además, culminar su ruina con el apoyo del PP. No le termina de salir y, como no podía ser menos, la culpa es de la Oposición.


 

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