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EDITORIAL

Roldán, ni tira de la manta ni devuelve lo robado

Ningún corrupto debería salir de prisión hasta que devolviera hasta el dinero robado, porque el aliciente de poder disfrutar de la fortuna amasada ilegalmente tras unos pocos años de cárcel es suficiente para que los casos de corrupción sigan aflorando.

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Luis Roldán es el decadente ejemplo de lo que fue el felipismo para España, cuyos últimos años ofrecieron a unos españoles atónitos el mayor cúmulo de escándalos políticos que se recuerdan en la historia de cualquier país. Condenado a treinta y un años de cárcel por los delitos de cohecho, falsedad en documento mercantil, malversación de caudales públicos, estafa y delito contra la Hacienda Pública, el exdirector de la Guardia Civil con el PSOE sólo ha cumplido quince, los últimos cinco en régimen abierto. Excesiva generosidad teniendo en cuenta que no ha devuelto voluntariamente ni un solo euro de los varios millones que amasó ilegalmente al amparo de su cargo.

Tras muchas pesquisas de la administración tributaria, a Roldán sólo se le han podido incautar bienes que, en su conjunto, no llegan a cubrir ni el veinte por ciento de la cuantía total que robó de las arcas públicas, incluida la caja destinada a ayudar a los huérfanos de la Guardia Civil. Es difícil entender que alguien pueda saldar su deuda con la Justicia sin restituir lo robado a sus legítimos dueños, que somos todos los españoles, pero los beneficios penitenciarios de un sistema legal ideado para favorecer al delincuente en detrimento de las víctimas producen situaciones tan lamentables como la que hoy comentamos.

No es ocioso recordar, no obstante, que en la época en que Roldán se escondía de la Justicia española en exóticos parajes, para volver a nuestro país de la mano del entonces ministro de Justicia e Interior Juan Alberto Belloch en uno de los episodios más rocambolescos que se recuerdan, ya había en el Gobierno personajes muy conocidos que Zapatero ha recuperado para su equipo, como si el piélago de corrupción que amparó su partido en los noventa hubiera sido sólo una anécdota. Aquí siguen, por ejemplo, la Secretaria de Estado de Justicia con Belloch, hoy vicepresidenta primera con Zapatero, y el portavoz del Gobierno más corrupto de la historia de la democracia, en la actualidad al frente del Ministerio del Interior.Ninguno de los dos tiene, al parecer, nada que opinar sobre la excarcelación de Luis Roldán sin que se sepa dónde están los muchos millones de euros que se apropió ilegalmente delante de sus narices. En cambio no hay que animarles demasiado para que den lecciones de moral pública al partido rival por un asunto como el caso Gürtel -tan hediondo como el de Roldán, dicho sea de paso-, como si ambos acabaran de aterrizar en la política española.

Ningún condenado por corrupción debería salir de prisión hasta que devolviera hasta el último céntimo robado. En caso contrario, el aliciente de poder disfrutar de la fortuna amasada ilegalmente tras unos pocos años privados de libertad es suficiente para que los casos de corrupción sigan aflorando en la política española. Roldán es un ejemplo, pero lo peor es que con el sistema penitenciario actual no será el último.


 

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