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EDITORIAL

Salvavidas que Rajoy no necesita

Algunos en el PP no hacen sino ceder continuamente ante el empuje mediático de la izquierda y el nacionalismo, acercándose a sus posiciones y alejándose de las ideas en las que cree la derecha social, que ante eso puede optar por quedarse en casa.

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El mito que más daño ha hecho a la derecha política española en los últimos años es la teoría arriolesca de que el PP no debe significarse demasiado en defensa de sus posiciones y que está obligado a dar una imagen de moderación que le permita atraerse el voto de centro, porque el de la derecha lo tiene ganado. Si Rajoy lo hubiera seguido al pie de la letra, no hubiera existido esa rebelión cívica que, encabezada por la AVT, ha tenido en los populares su más fiel aliado. La marea rojigualda que llenó Madrid hace bien poco se habría tenido que quedar en casa y, quizá, tampoco hubiera acudido a los colegios electorales en los números en que lo hizo el 27 de mayo.

Si hay algo que estas municipales han dejado claro es que las elecciones se ganan movilizando a los tuyos y consiguiendo que los rivales no tengan ánimos para acercarse a las urnas. Un análisis superficial muestra que el PP ha ganado estas elecciones municipales porque se ha votado más allí donde es más fuerte. Y dónde se muestra más como es, sin complejos. Incluso Gallardón, esa teórica máquina de recoger votos del centro, la supuesta demostración práctica de las teorías arriolescas, ha visto cómo Esperanza Aguirre conseguía más votos que él en la capital, pese a que a ella no la podían elegir los residentes procedentes de otros países de la Unión Europea. Ni tenía a Sebastián como rival, que esa es otra.

Aguirre representa la firmeza en los principios y convicciones de la derecha liberal, expresadas, sí, con moderación, porque la base de la derecha no gusta de extremismos ni estridencias, pero sin conceder tampoco ni un ápice de superioridad moral a la izquierda. Otros en su partido, en cambio, no hacen sino ceder continuamente ante el empuje mediático de la izquierda y el nacionalismo, acercándose a sus posiciones y alejándose de las ideas en las que cree la derecha social. Es cierto que ésta no tiene otro partido al que votar, pero también lo es que puede quedarse en casa si lo que se le presenta no parece una alternativa seria y contundente a Zapatero y los suyos. Es algo que tendrá que valorar Rajoy a la hora de decidir qué línea va a seguir de cara a las generales y con qué personas cuenta si decide pasar por alto la arrogancia de quien se ofrece públicamente como su salvavidas, como si necesitara de uno.


 

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