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EDITORIAL

Sánchez, al rescate del chavismo criminal

No cabe esperar otra cosa de un sujeto que se ha encaramado al Poder de la mano de proterroristas, golpistas y neocomunistas bolivarianos, que de buena gana enfeudarían Madrid a Caracas.

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La fechoría perpetrada por el ministro de Transportes, el torrentesco José Luis Ábalos, al reunirse en Barajas con Delcy Rodríguez, que tiene prohibido pisar suelo europeo por su posición principalísima en el organigrama del criminal régimen chavista que padecen en Venezuela, ha colocado a España en el foco internacional y valido al Gobierno del infame Pedro Sánchez críticas de todo punto justificadas, tanto en EEUU como en la UE y, por supuesto, entre los venezolanos que luchan por liberar a su país del venenoso socialismo del siglo XXI.

Sorprendido en su grotesca mentira inicial, el impresentable Ábalos ha ido cambiando la versión de su encuentro con la indeseable Rodríguez a fin de dejar atrás un escándalo que, como no podía ser menos, has trascendido nuestras fronteras y las de Venezuela. Finalmente admitió haberse reunido con ella pero... de forma fortuita, y a ver quién se extraña si acaba dando alguna versión más este personaje clamorosamente indigno para ser ministro del Gobierno de España.

Más allá del espectáculo bochornoso que está protagonizando Ábalos, lo sustancial es que Sánchez ha puesto a España al servicio de un régimen asesino cuyos capos tienen las manos manchadas de sangre y han devastado Venezuela con saña.

Las repugnantes maniobras del nefasto, tóxico José Luis Zapatero en favor del tirano Nicolás Maduro –de las que ojalá haya de dar cumplida cuenta ante un juez mucho más pronto que tarde– tienen su proyección en el ámbito institucional español con los movimientos en el Gobierno de Sánchez –innegable heredero de ZP– y el lacayo chavista Pablo Iglesias para blanquear a la mafia narcobolivariana, que ha hecho de Venezuela una cruza de Estado fallido y canalla.

Sánchez ha lamido las botas del sanguinario Maduro negándose a recibir a Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela –reconocido como tal por las principales democracias del planeta–, y por supuesto se niega a destituir a un Ábalos indefendible que para colmo se comporta con un matón de tres al cuarto. Cuesta imaginar siquiera una indignidad mayor.

Pero lo cierto es que no cabe esperar otra cosa de un sujeto que se ha encaramado al Poder de la mano de proterroristas, golpistas y –los tiene de hecho en su Gobierno– neocomunistas bolivarianos, que de buena gana enfeudarían Madrid a Caracas.

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