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EDITORIAL

Sin descargas... ni nada más

Su defensa cerrada de los intereses de las entidades de gestión convierte el fallo en un nuevo revés para ella. Si todos supimos desde el primer momento para qué la nombraba Zapatero, cada vez está menos clara la razón por la que la mantiene en el cargo.

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Con cierta ingenuidad, la recién nombrada ministra de Cultura reconoció en la fiesta que celebraba su nombramiento que la habían colocado en el puesto para enfrentarse con las descargas de películas y música en internet. Desde entonces se ha esforzado denodadamente por ocupar el puesto de peor ministra de Cultura de nuestra democracia, récord harto difícil de alcanzar en un país donde Carmen Calvo ha ostentado esa cartera.

Además, al contrario que muchos otros altos cargos de los gobiernos de Zapatero, no ha sido la falta de capacidad intelectual su problema, sino su empecinamiento y su inhabilidad para entenderse no ya con quienes se oponen a sus iniciativas, sino incluso con sus propios subordinados y compañeros de profesión. Así, aunque su gestión haya tenido hitos como la marcha de Nacho Duato, ha sido el cine el principal y casi único motivo de sus desvelos, lo que ha llevado a sonoros encontronazos con representantes del sector, incluyendo a Álex de la Iglesia, su sucesor al frente de la Academia de Cine.

Posiblemente haya sido la ministra cuyo nombramiento ha sido más protestado, pues desde el mismo instante en que se anunció su nombre la red se movilizó en su contra. Los internautas eran conscientes de que venía no a representar los intereses de todos los ciudadanos, sino los de un sector crecientemente impopular como es el de los artistas y, en concreto, los que se dedican al cine. Un gremio que nos saca más dinero como contribuyentes que como espectadores, que no pierde la oportunidad de insultar a la mitad de su público potencial y que en los últimos tiempos ha dedicado sus esfuerzos a impulsar medidas legales que impidan que los internautas se descarguen películas americanas. Lo que nadie pensaba es que la incompetencia de Sinde la llevaría incluso a enfrentarse a los suyos.

La sentencia de la Audiencia Nacional declarando ilegal la orden ministerial que regula el canon podría no afectarla directamente, al haber sido aprobada por el ministro anterior. Pero su defensa cerrada de los intereses de las entidades de gestión convierte el fallo en un nuevo revés para ella. Si todos supimos desde el primer momento para qué la nombraba Zapatero, cada vez está menos clara la razón por la que la mantiene en el cargo.


 

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