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EDITORIAL

Sin rectificación, sin acuerdos, sin alternativas

Parece que a Rajoy le basta con una crítica de la situación que, por correcta que sea, no deja de ser insuficiente y redundante para el creciente número de ciudadanos que la padecen. Mientras el Titanic se hunde, el PP sigue tocando el violín.

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El debate dedicado exclusivamente a la crisis económica, a pesar de la enorme expectación que había generado, ha concluido sin que se vislumbre la menor posibilidad de cambio por parte de Zapatero, sin la consiguiente posibilidad de pacto con el principal partido de la oposición y sin que el PP haya planteado una alternativa clara de gobierno.

Tal y como era de prever, Zapatero ha vuelto a insistir en sus engaños para hacernos creer falsedades tan evidentes como que una economía que ha registrado en 2009 un crecimiento negativo del 3,4% es una "economía que ha evolucionado a mejor durante 2009", o que "la crisis en España no difiere mucho de la del conjunto de la zona euro", o que es posible hablar de "mejoría" con medio millón de parados más respecto a los que había hace seis meses.

No menos fantásticas han sido sus previsiones de futuro tales como las que contemplan la creación de empleo neto para finales de este mismo año o su plan de reducir al 3% por ciento el déficit público que ahora alcanza el 11,4%, previsiones que parecen no tener más apoyo que el mero paso del tiempo.

Aunque la intervención de Rajoy, también como era de prever, haya servido para desmentir amplia y contundentemente el falso diagnóstico de situación que hace Zapatero, así como sus vacuas medidas para mejorarla, no dejamos de echar en falta en el líder del principal partido de la oposición el desarrollo de cuál es su alternativa de Gobierno y de cómo piensa llevarla a cabo antes de que el país termine de hundirse; esto es, se echa en falta precisamente que el principal partido de la oposición haya hecho de oposición.

Si bien acierta al rechazar un pacto con quien no tiene el menor propósito de enmienda, y que le haría corresponsable del deterioro al que estamos abocados, Rajoy está obligado no sólo a dejar clara su alternativa y las diferencias que lo separan y que justifican su oposición a lo que, más que un acuerdo, sería una irresponsable adhesión al desgobierno de Zapatero. También debe ilusionar al electorado español con la idea de que está preparado y tiene a mano gobernar desde ya.

Por eso resulta absurda la propuesta de Rajoy de que sean los propios representantes socialistas los que desbanquen al presidente del Gobierno, peregrina ocurrencia que ha servido a Zapatero para recuperarse en el turno de réplica y dejar al líder de la oposición descolocado.

Si Rajoy considera acertadamente irresponsable un pacto con el Gobierno sin una previa rectificación de éste, pero al mismo tiempo cree que no tiene nada que ganar políticamente con una moción de censura por el hecho de tenerla aritméticamente perdida, entonces a lo que se tenía que haber limitado el líder de la oposición es a reclamar elecciones anticipadas, tal y como ha hecho, de forma mucho más clara y concreta, la líder de UPyD Rosa Díez. Eso, o replantearse su negativa a una moción de censura que, aunque falta de apoyos, le permitiría exhibir una alternativa que, no por asumir la necesidad de llevar cabo ciertos sacrificios, dejara de ser estimulante frente a este incorregible y nefasto Gobierno.

Por mucho que la imagen del Ejecutivo se esté deteriorando justificadamente a causa de la crisis, el drama es que ello no se traduce en una mayor esperanza hacia el Partido Popular. A Rajoy parece no importarle el hecho de que, a pesar de la que está cayendo, su partido siga perdiendo votantes, y que si está ligeramente por delante en las encuestas, se deba exclusivamente a que el PSOE los está perdiendo en mayor medida. Desde luego, debates como éste, en el que el propio Rajoy había generado unas expectativas ridículamente elevadas ("marcará un antes y un después") y en el que no ha sabido estar a la altura de las mismas, no contribuyen a que cambie el panorama. Zapatero ha salido vivo de un debate sobre economía, mientras el país se hunde en la miseria y la sociedad clama por un cambio de Gobierno.

Parece que a Rajoy le basta con una crítica de la situación que, por correcta que sea, no deja de ser insuficiente y redundante para el creciente número de ciudadanos que la padecen. Mientras el Titanic se hunde, el PP sigue tocando el violín.


 

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