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EDITORIAL

Sortu, el señuelo que el PSE no quería ver

Aún estamos a tiempo de evitar que vuelva a producirse algo tan lamentable como lo que sucedió hace cuatro años. No hay que bajar la guardia y actuar de inmediato. Ellos ni perdonan ni se despistan, el Estado de Derecho tampoco debería de hacerlo.

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Si a alguien le quedaba alguna duda sobre la validez de la tregua de la ETA, puede ir despejándola desde ya mismo. Es, como ya se advirtió en su momento, una trampa, una simple estratagema para ganar tiempo, reorganizarse y acceder de nuevo a una porción de poder municipal en las elecciones de mayo. Nada que no supiésemos ya pero que, gracias a la detención de dos terroristas en Bilbao y Galdácano, puede servir para refrescar la memoria de los olvidadizos. En cuanto la banda hubiese conseguido sus objetivos, estos dos individuos se habrían puesto a funcionar atentando, según se desprende de la investigación, contra un juez vizcaíno y un agente de la Ertzaintza.

La ETA, por lo tanto, está muy lejos de haber declarado una tregua, y esto debería hacer que ciertos socialistas vascos como Jesús Eguiguren se sonrojasen de vergüenza. Una vez hecho esto no estaría de más que revisasen su opinión sobre Sortu, la penúltima marca inventada por los terroristas para concurrir a las elecciones. Sería una noticia casi tan buena como la que nos ha regalado el Tribunal Supremo al admitir a trámite la demanda contra esta formación de perfil, como mínimo, filoetarra.

La abogacía del Estado considera que Sortu es la sucesora de Batasuna, ilegalizada hace ya casi una década después de que los jueces considerasen probado que aquel partido no era más que un órgano de la banda terrorista cuyo cometido era copar las instituciones democráticas a través de las urnas. Nos encontraríamos, pues, con la enésima reedición de un partido que es ilegal no por sus ideas, sino por su vinculación con una banda terrorista.

Que el Tribunal Supremo actúe es una buena noticia, pero no deberíamos confiarnos. Tal vez lo de Sortu no sea más que un señuelo para distraer y, en paralelo, aparezca otra formación que, esta sí, consiga sortear los impedimentos legales. No sería la primera vez que algo así sucede. Coincidiendo con las municipales de 2007 los proetarras presentaron dos partidos distintos: EHAK y ANV, que terminó haciéndose con un buen número de concejalías gracias a la pasividad selectiva de la Fiscalía General del Estado. Meses después, cuando se probó que compartía caja de financiación y que había desviado cerca de 1,5 millones de euros a Batasuna, fueron ilegalizadas de manera fulminante. Pero ya era tarde. Los concejales –y algunos alcaldes– siguieron ahí.

Aún estamos a tiempo de evitar que vuelva a producirse algo tan lamentable como lo que sucedió hace cuatro años. No hay que bajar la guardia y actuar de inmediato. Ellos ni perdonan ni se despistan, el Estado de Derecho tampoco debería de hacerlo.


 

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