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EDITORIAL

Todos contra el PP, ante notario

Se trata de ser nacionalista hasta la extenuación, y el que no presume de ello, o presume poco, se convierte automáticamente en un apestado al que se puede vilipendiar sin límite

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Este lunes, el viejo lema de "todos contra el PP" se escenificó ante un notario de Barcelona. Artur Mas, candidato de CiU a la presidencia de la Generalidad, se tomó ese trabajo para conjurar definitivamente la posibilidad de valerse del que, por principios y en un país normal, sería su socio de gobierno natural. Pero los principios de CiU no son los del PPC. Uno es nacionalista radical y el otro sólo suavemente, aunque apuntado maneras. Y Cataluña, por descontado, no es una sociedad normal sino una sociedad enferma de nacionalismo identitario.

Esta y no otra es la clave de la campaña electoral que acaba de dar comienzo en Cataluña. Se trata de ser nacionalista hasta la extenuación, y el que no presume de ello, o presume poco, se convierte automáticamente en un apestado al que se puede vilipendiar sin límite. Esas son las normas de la casa. Sorprende, por lo tanto, que Piqué siga confiando en CiU como el que lo hace en la pata de un conejo.

De la casta política catalana nadie quiere al PP cerca. Ni la izquierda, por motivos obvios, ni la derecha, porque, a fin de cuentas, lo que se despacha en Cataluña no es una confrontación de ideas, sino una carrera al sprint para dilucidar quién de todos es el más nacionalista, soberanista y –por qué no– separatista. Si para alejar las dudas de pureza patriótica es preciso pasar por el notario, se pasa. Mas ya lo ha hecho, ahora podrá reanudar su campaña sin que esquerristas y socialistas le atormenten con un pasado que en Convergencia ya nadie quiere recordar.


 

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