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EDITORIAL

Un correctivo para Zapatero

El desparpajo con que se han recibido hasta ahora las barrabasadas de Zapatero en la prensa no significa que su Gobierno esté a la altura de uno europeo. De ahí que haya sido ponerse ante los focos de la presidencia europea y no parar de recibir críticas.

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En ocasiones, cegados por el apoyo popular aún extraordinario del que disfruta, y de la mano que le echan las principales televisiones, olvidamos lo enormemente chapucero e incompetente que es el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Acostumbrados a escuchar las miles de excusas con que se procura disimular la responsabilidad en los muchos males que aquejan a España, es ahora, cuando ha asumido el cargo de presidente de turno de la UE,  cuando más a la luz han quedado sus carencias.

Bien mirado, no resulta tan sorprendente que tuviera una idea tan peregrina como la de proponer una política económica común para toda Europa, con sanciones incluidas, pese a gobernar uno de los países que peor lo están pasando en esta crisis. Tampoco que una semana después se apuntara a la propuesta de Obama de ponerle un nuevo impuesto a los bancos tras haberles regalado el dinero de los contribuyentes. Ni siquiera sus desavenencias con Moratinos sobre la política que debe seguir la Unión Europea hacia Cuba. La diferencia es que fuera de nuestras fronteras no han tenido casi seis años para habituarse a las costumbres del zapaterismo.

Pero el desparpajo con que se han recibido durante todos estos años las barrabasadas de Zapatero y sus ministros en buena parte de la prensa no significa que su Gobierno esté a la altura de lo que se espera de cualquier Ejecutivo de un país europeo. De ahí que haya sido ponerse ante los focos de la presidencia europea y no parar de recibir críticas.

El problema es que para Zapatero este era su gran momento de la legislatura, en el que remontaría el vuelo. El semestre de los encuentros "planetarios" que lo revelarían como un gran estadista y que le devolverían su buena imagen, maltrecha por la crisis. De ahí que se muestre especialmente molesto con que se le cuestione, que cada vez más preguntas le incomoden o le "sorprendan". Este era el momento del apoyo acrítico, no de ejercer el periodismo.

Pero, por más que se empeñe, cada vez se le pone más cuesta arriba el objetivo de utilizar esta presidencia para mejorar en las encuestas. Es difícil que obtenga éxitos reales que vender, en vista del poco entusiasmo con que han sido recibidas en Europa sus ocurrencias, y del menor peso que tiene el cargo después del nombramiento de un presidente estable de la Unión. Y no parece que los ciudadanos españoles, con preocupaciones algo más serias en sus vidas, estén dispuestos a dar algo de peso a los habituales fuegos de artificio con que nos intentará sorprender estos meses. Como mucho, percibirán que en los peores momentos de la crisis, Zapatero se preocupa más por la escena internacional que por el dramático estado de nuestra economía. Nada que pueda resultar rentable en el mercado de la opinión pública. Quizá sea el propio presidente del Gobierno quien salga de estos seis meses sufriendo un serio correctivo.


 

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