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EDITORIAL

Sánchez saca petróleo de la división de la derecha

Que ni el PP ni Vox tengan siquiera claro qué es lo que tienen que hacer juntos es algo que beneficia extraordinariamente al nefasto líder socialista.

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Si, tras las elecciones de abril, PP y Ciudadanos obtuvieron dos puestos cada uno en la Mesa del Congreso, mientras que Vox quedó fuera a pesar de haber conseguido entonces 24 diputados, el más elemental sentido de la proporción estipularía que fuera ahora Vox quien se hiciera con dos lugares, al igual que el PP, y que un diezmadísimo Ciudadanos, con tan solo 10 diputados, se quedara sin representación.

Sin embargo, la inicial pretensión de los partidos de izquierda de aplicar un orwelliano cordón sanitario a Vox y la artera pretensión del PP de reducir el peso de la formación de Santiago Abascal han estado a punto de dejar a la tercera fuerza política del país sin presencia en la Mesa, sin que por ello el PP hubiera ocupado más posiciones y Cs consiguiera hacerse un hueco. De hecho, si no fuera por la tremenda falta de escrúpulos del PSOE, que por una poltrona más es capaz hasta de traicionar sus pretendidos principios prejuiciosos en contra de una formación constitucionalista a la que la izquierda sigue tachando de "fascista", Vox se hubiera quedado sin representación.

En cualquier caso, es de lamentar el desencuentro entre dos partidos llamados a entenderse como son los que lideran Pablo Casado y su excorreligionario Abascal. La propuesta inicial (2+1+1) del PP, consistente en otorgar a Ciudadanos un puesto a costa de Vox, hubiera significado tratar injustamente igual a Cs y a Vox, a pesar de que éste ha quintuplicado en escaños a aquél. Ya no se trata de recordar cómo Ciudadanos ha venido tratando a Vox, con cuyos representantes no ha querido negociar ni para garantizarse la presencia en gobiernos tan importantes como los de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. O la recentísima y bochornosa reprobación de Javier Ortega Smith en el propio consistorio capitalino por denunciar la aberrante Ley de Violencia de Género, reprobación en la que Ciudadanos se alió con el PSOE y la extrema izquierda. De lo que se trata es, simplemente, de ser conscientes de las muy magras fuerzas de Ciudadanos en el Congreso, tras su nula voluntad de moderar a Sánchez y de llegar a alianzas sólidas y equitativas con el PP y con Vox para desbancarlo.

En cuanto a la segunda y silenciada propuesta que, in extremis, hizo el PP a Vox (3+1), en la que los populares delataban que su interés no era tanto beneficiar a la semidifunta formación naranja como socavar a Vox, habría significado que un partido como el PP, que ni siquiera duplica en escaños Vox, tuviera el triple de puestos en la Mesa.

Ya resulta penoso que Vox –que no deja de ser, hasta cierto punto, una lógica escisión del irreconocible Partido Popular de Mariano Rajoy– no quiera o no pueda llegar a formar una coalición electoral con el PP de Casado. Pero que ni los verdes ni los azules tengan siquiera claro qué es lo que tienen que hacer juntos es algo que beneficia extraordinariamente al nefasto Sánchez, quien, con tal de conservar la poltrona, es capaz de todo.

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