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Santamaría y la regeneración del Partido Popular

Si no la cegara la soberbia, Santamaría sabría de sobra que tiene el mismo futuro en el PP que su retirado mentor, Mariano Rajoy Brey.

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Soraya Sáenz de Santamaría se ha permitido este miércoles demandar a Pablo Casado un 43% de representación en todos los órganos de dirección del PP con la peregrina excusa de que ese es el porcentaje de apoyo que su candidatura obtuvo en el congreso extraordinario del sábado.

No se trata de recordar ahora a la fracasada aspirante a la Presidencia del PP y principal exponente de la traición popular a sus principios y valores fundacionales la conocida máxima norteamericana que dice "The winner takes it all"; pero, desde luego, Pablo Casado –al que Santamaría no dejó de menospreciar con esa estupefaciente por injustificable suficiencia suya durante toda la campaña– tiene tanto el derecho como, sobre todo, el deber de establecer un proyecto inequívoco de regeneración y exigir a su equipo un compromiso inquebrantable con el mismo.

Casado se presentó a las internas populares con el claro compromiso de que el PP volviese a abanderar los principios liberal-conservadores e hiciera frente sin contemplaciones al separatismo que pretende acabar con la Nación. Por supuesto, puede rescatar a correligionarios que, aun habiendo respaldado la candidatura de la fracasada Santamaría, sean útiles para sacar adelante su proyecto. Pero eso es una cosa y otra muy distinta hacer un uso espurio de la generosidad en aras de una no menos errada y tóxica unidad. La única unidad deseable y fructífera por la que debe trabajar Casado es la que se articule en torno a los principios liberal-conservadores y a la desacomplejada defensa de la unidad de España y de su Estado de Derecho.

Aun cuando la rigidez y el dogmatismo sean rechazables y cierta elasticidad imprescindible, la unidad del PP no puede equivaler a una mera y oportunista yuxtaposición de sectores encontrados. Así, los que acomplejadamente temen ser tachados de "derechistas"; los que se han acomodado en el consenso socialdemócrata; los que, en lugar de combatirlos, se han dedicado a intentar contentar a los separatistas golpistas con claudicantes y nefastas operaciones diálogo; los que han jaleado los desmanes fiscales del PP y, en fin, los responsables de la traición rajoyista a las señas de identidad del PP no pueden aspirar a tener el menor peso en un Partido Popular firmemente comprometido con una regeneración en la que además se juega su propia supervivencia.

Si no la cegara la soberbia, Santamaría sabría de sobra que tiene el mismo futuro en el PP que su retirado mentor, Mariano Rajoy Brey, registrador en Santa Pola. O, por decirlo a su mercadotécnica manera, SoraYA ya no debe pintar nada en el Partido Popular.

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