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EDITORIAL

Villarejo, fiscal y parte

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A Jesús Cardenal, fiscal general del Estado, no le habrían faltado razones para oponerse a que Carlos Jiménez Villarejo, fiscal anticorrupción, investigara, a solicitud de Llamazares, si Tamayo y Sáez habían incurrido en un delito de cohecho cuando decidieron abandonar la disciplina de voto del PSOE el pasado día 10. En primer lugar, es bien conocida la filiación “progresista” de Villarejo. En segundo lugar, cuando se ha tratado de investigar supuestos delitos cometidos por políticos o empresarios “no progresistas”, Jiménez Villarejo no siempre ha tenido éxito en mantenerse en las fronteras de la imparcialidad: la sañuda persecución contra Estanislao Rodríguez Ponga y contra César Alierta, así como el caso de Jesús Gil –por citar ejemplos recientes y bien conocidos– son una buena prueba de ello. En tercer lugar, Jiménez Villarejo, en virtud del nuevo Estatuto Fiscal, es cesante y actualmente desempeña su cargo en funciones, hasta que se elija un nuevo fiscal anticorrupción pasado el verano. Y en cuarto lugar, no hay que olvidar que Villarejo es tío carnal de Trinidad Jiménez, cabeza de lista del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid.

Cualquiera de esos cuatro motivos habría sido suficiente como para desaconsejar que sea precisamente Jiménez Villarejo quien finalmente se encargue de investigar a Tamayo y Sáez. Bien es verdad que la alternativa no era otra que Mariano Fernández Bermejo: otro reconocido “progresista” que dirige la Fiscalía de Madrid, también cesante por el nuevo Estatuto Fiscal, que además es a todas luces responsable de la filtración en exclusiva a periodistas de El País y la cadena SER del borrador de la querella –calcada de otra que fue sobreseída el año pasado– interpuesta por uno de sus subordinados en relación con la “trama” de Alcorcón. Y, por si fuera poco, posible aspirante a consejero de Justicia de la Comunidad de Madrid con Simancas. Sin embargo, quitarle el caso a Bermejo para dárselo Villarejo es tanto como saltar de la sartén al fuego: Villarejo, además de compartir filiación “progresista” con Bermejo, comparte parentesco con Trinidad Jiménez... y probablemente este será el último caso de su carrera como fiscal anticorrupción.

Aunque quizá lo más grave es el hecho de que Cardenal haya cambiado de opinión respecto a entregar el caso a Villarejo precisamente un día después de que éste fuera a reclamarlo ante los medios de PRISA entre acusaciones de parcialidad y politización dirigidas a quien es su superior jerárquico. Podría parecer que Cardenal confirma las acusaciones de Villarejo y cede, al decir de Caldera, ante la “presión social y política” (eufemismo para el grupo PRISA), en un episodio más de ese inexplicable miedo de la derecha a defenderse con firmeza de los ataques e insidias de sus adversarios y enemigos.

El evidente interés que, sin recato, Villarejo tiene por dirigir la investigación sobre Tamayo y Sáez –así como por hacerse también con el control de la querella interpuesta por el PSOE contra Tamayo, Sáez, Balbás, los constructores y Ricardo Romero de Tejada, en espera de ser admitida a trámite–, su trayectoria pasada y la “línea directa” que mantiene con los medios de Polanco, todo ello hace presagiar que Jiménez Villarejo, más que ejercer de fiscal, servirá de procurador y portavoz a PRISA y al PSOE ante los tribunales en la lucha a dos frentes que el “clan inmobiliario” de Porta y Mamblona, el sostén de Simancas, mantiene contra el contra el PP y contra el “clan rival” de Balbás y Tamayo; que, al parecer “cedió” en las candidaturas al Ayuntamiento de Madrid (Trinidad Jiménez) a cambio del área de vivienda y urbanismo en la Comunidad.

Todo indica que la auténtica “trama oculta” en todo este asunto es el fracaso de los pactos para el reparto del “botín” electoral causada por la ansiedad de Simancas de ser presidente, aun a costa de regalar la mitad del presupuesto a Izquierda Unida. Culpar al PP de esta “reyerta” entre bandas inmobiliarias forma parte de la cortina de humo con la que Simancas, apoyado por PRISA y Zapatero, pretenden desviar la atención de las miserias de la FSM. Para ellos es vital contar con tiempo adicional que les permita seguir fabricando querellas e insidias con las que ensuciar la reputación del PP –de ahí el conato de investidura de Simancas que tendrá lugar el sábado. Y ahora cuentan con el auxilio de un consumado maestro en acoso y destrucción de reputaciones. ¿Se atreverá alguien del PP a recusar a Villarejo por probada y confesa parcialidad, aunque Cardenal no lo haya hecho?

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