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EDITORIAL

Y la Guardia Civil dijo basta

Desde que el Duque de Ahumada creó el benemérito cuerpo a mediados del siglo XIX es la primera vez que se produce una manifestación de la Guardia Civil, otro dudoso mérito que hay que atribuir a Zapatero, con Rubalcaba como cooperador necesario.

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Lo primero que es necesario dejar sentado respecto a la manifestación llevada a cabo por los integrantes de la Guardia Civil es el desasosiego ciudadano que produce ver en las calles la protesta airada de un cuerpo armado. La función de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es tan vital para garantizar la libertad de todos, que resulta inquietante ver a sus miembros reivindicar sus peticiones a pleno grito en la vía pública, por más justas que sean esas exigencias y por más que los tribunales hayan autorizado la movilización.

Dicho esto, cabe señalar que, desde que el Duque de Ahumada creó el benemérito cuerpo a mediados del siglo XIX, es la primera vez que se produce una manifestación de la Guardia Civil, otro dudoso mérito que hay que atribuir a Zapatero, con Rubalcaba como cooperador necesario.

La condición militar de la Guardia Civil es una ventaja para el Gobierno que le permite, además de destinarla a sus funciones respecto a la seguridad interior, utilizarla fuera de nuestras fronteras en misiones en que nuestros Guardias Civiles han hecho honor al bien ganado prestigio que les acompaña a lo largo de toda la historia de la institución.

Ahora bien, ese carácter militar no puede servir de pretexto para humillar a sus miembros manteniendo los agravios comparativos de que son objeto en relación con otros cuerpos de seguridad, nacionales y autonómicos. La disciplina, el sacrificio y la entrega de nuestros guardias civiles no oculta la gravísima desatención que sufre el cuerpo y las exigencias laborales a que deben hacer frente sus integrantes, en algunos casos humillantes, mientras el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y su ministro del Interior incumplen metódicamente todas las promesas realizadas para mejorar la situación en que la Guardia Civil realiza diariamente su trabajo.

Los asistentes a la manifestación han debido soportar, además, la presencia de los líderes de los sindicatos UGT y CCOO, dispuestos a utilizar la movilización para su provecho de cara a la Huelga General del próximo 29 de septiembre. La forma en que han sido recibidos dice mucho de la disposición de los Guardias Civiles a servir de baza política a unos paniaguados que no están sufriendo, ni de lejos, las penurias a que ellos están viéndose sometidos especialmente desde que comenzó la crisis.

La Guardia Civil es, con toda justicia, una de las instituciones más valorada por los ciudadanos y así debe seguir siendo. El Gobierno tiene la responsabilidad de subsanar los agravios justificados que aducen los representantes del cuerpo para que puedan desarrollar su función con los medios y garantías necesarios, aunque para eso deba recortar las gabelas y otros privilegios económicos que tan alegremente otorga a los grupos de presión que le apoyan. Y es que con una parte insignificante de lo que concede a las organizaciones de Méndez y Toxo, por poner un ejemplo cercano, los problemas de la Guardia Civil quedarían solucionados de inmediato. 


 

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