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EDITORIAL

Zapatero, con Marruecos y contra Haidar

Lo más grave del asunto no es que el Gobierno de España haya mostrado una pavorosa debilidad ante una dictadura, sino que haya sido el cooperador necesario de esa dictadura. No estuvimos en el lado de las democracias, sino en el de las autocracias.

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Después de más de un mes secuestrada en suelo español y tras una huelga de hambre que la obligó a ser hospitalizada, la activista saharaui Aminatu Haidar regresó ayer a el Aaiún en un avión militar.

Por supuesto, el Gobierno incluso ha pretendido apuntarse el tanto con una de las gestiones más desastrosas que pueda exhibir en su política internacional (que ya es decir). Primero, como incluso el propio Moratinos ha reconocido, colaboraron con las autoridades marroquíes en cometer un acto ilegal, ilegítimo e inmoral como es deportar a Haidar de su país y negarle la entrada. Más tarde, Zapatero, haciendo de su capa pacifista un sayo promarroquí, colocó el "interés general" de sus relaciones como la monarquía alauí por encima del respeto a los derechos humanos de Haidar. Y por último, el Gobierno incluso se dejó vilipendiar y amenazar por la autocracia marroquí para el caso de que pretendiera simplemente cumplir con la ilegalidad internacional.  

Zapatero y todo su equipo han demostrado durante esta crisis muy poca firmeza en su defensa de las libertades individuales de Haidar en particular y de los saharauis en general. El desconcierto con el que se gestionaba el asunto y el trato muchas veces despreciativo que se ofreció a Haidar muestran a las claras una absoluta incapacidad, una preocupante falta de influencia de nuestra política exterior –nada de que sorprendernos con Moratinos como jefe de la Diplomacia– y un nulo compromiso con los derechos humanos; nulo compromiso que de nuevo intentó enmascarar De la Vega con su clamoroso silencio durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros ante la pregunta de si se respetaban las libertades más básicas en el régimen marroquí.

De hecho, ha tenido que ser el presidente francés Nicolás Sarkozy el que una vez más le haya sacado a Zapatero las castañas del fuego y haya conseguido que Haidar pueda regresar junto a su familia a el Aaiún. Al presidente galo le ha bastado con ofrecerle un acuerdo en materia agraria como contraprestación para que Marruecos transigiera a sus pretensiones.

Ante la inacción y la torpeza de la diplomacia española, la europea ha recurrido a esa táctica política tan poco recomendable como es la de comprar el respeto a los derechos humanos de las dictaduras mediante todo tipo de concesiones económicas. Dicho de otra manera, se premia a las autocracias para que utilicen la represión como baza negociadora con las supuestamente sensibles democracias occidentales.

Sin embargo, como decimos, este obsceno cambalache no habría sucedido si desde un comienzo el Gobierno español se hubiese negado a participar con Marruecos en el secuestro de Haidar, esto es, si hubiese antepuesto la defensa de los derechos humanos a sus genuflexiones ante Mohamed VI. 

Lo más grave del asunto no es que el Gobierno de España haya mostrado una pavorosa debilidad ante una dictadura, sino que haya sido el cooperador necesario de esa dictadura. No estuvimos en el lado de las democracias, sino en el de las autocracias. Todo lo que vino después del secuestro de Haidar fue, no un sincero pero torpe intento de rectificación, sino un ejercicio de improvisación ante la indignación que este hecho generó entre la opinión pública.

Desde luego, si Haidar ha vuelto a su casa ha sido no gracias, sino a pesar de nuestro Gobierno. Y la propia Haidar lo sabe. Mala perspectiva para los ciudadanos españoles que seguimos sometidos a la iniciativa legislativa de un Ejecutivo tan descreído en los derechos individuales.


 

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