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EDITORIAL

Más Zapatero, le "cueste lo que le cueste" a España

Zapatero se ha vuelto a mostrar incapaz de ofrecer nada: ni siquiera esos conejos que se sacaba de la chistera en los tiempos en los que no tenía ningún escrúpulo en dejar en evidencia que para él gobernar es gastar.

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No hacía falta esperar a que él nos lo dijera para saber que Zapatero pretende continuar aferrado al poder "cueste lo que cueste". Tampoco hacía falta que Rajoy nos lo dijera para saber que "el mejor servicio que puede hacer al país" el presidente del Gobierno "es convocar de manera inmediata elecciones anticipadas". Estas afirmaciones del presidente y del líder de la oposición resumen, sin embargo, el duro enfrentamiento que ambos han protagonizado durante el Debate sobre el Estado de la Nación. Y bien está que Rajoy, aunque sea tarde, haya pedido por primera vez de forma explícita esa convocatoria anticipada de elecciones, pues es evidente que el principal obstáculo para la recuperación de nuestro país lo constituye quien está al frente de su Gobierno.

Zapatero ha demostrado que por no servir ya ni siquiera sirve para maquillar la trágica situación por la que atraviesa nuestro país, tanto institucional como política y económicamente. Así, y con el objetivo de justificar el plan de rescate de la UE y el tijeretazo del gasto que ésta nos impuso, ha llegado a reconocer la quiebra –él ha dicho "catástrofe" y "déficit insostenible"– al que estábamos abocados hace tan sólo dos meses. Lo peor es que en el resto de su intervención no ha ofrecido nada para garantizar que ese riesgo se haya despejado de forma definitiva. Por el contrario, Zapatero ha dedicado el resto de su intervención al terrible estado, no de la nación, sino del principal partido de la oposición.

El problema es que España está en crisis, no sólo desde el punto de vista económico, sino también como nación y como estado de derecho, tal y como deja en evidencia el escasisímamente recortado estatuto catalán, que para colmo no ha servido más que para que sus impulsores amenacen con el desacato y con la rebelión institucional. Si, respecto a la economía, Zapatero ha acusado al PP de "no arrimar el hombro" y de "aprovecharse electoralmente" de la crisis, respecto al Estatuto también ha culpado al PP de que la sentencia no lo declare del todo constitucional. Vamos, como si el responsable de una dasastrosa gestión económica o de la inconstitucionalidad escasamente reconocida, no fuera el que la perpetra sino el que la denuncia (aunque en este último caso, sólo cabe lamentar una vez más que el PP de Rajoy haya renunciado a defender la Constitución frente al Estatut en esta nueva etapa de sumisión de los populares ante el nacionalismo catalán).

Ante esa doble crisis por la que atraviesa España, Zapatero se ha vuelto a mostrar incapaz de ofrecer nada: ni siquiera esos conejos que se sacaba de la chistera en los tiempos en los que no tenía ningún escrúpulo en dejar en evidencia que para él gobernar es gastar. Y respecto a la rebelión que protagonizan los nacionalistas y su propio partido en Cataluña, no hay más que ver la suave y condescendiente réplica que le ha dirigido a un Durán i Lleida ante las amenazas separatistas para saber que con este Gobierno la sentencia del Estatut va a quedar en papel tan mojado como ha quedado la Constitución.


 

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