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EDITORIAL

Zapatero juega al escondite

Nada cambiará porque Fernández Bermejo dure unos días más en su cargo. Ni los parados encontrarán empleo ni la situación de la Justicia se corregirá. Y tampoco dejará el PSOE de intentar eliminar al PP y a sus votantes de la vida política española.

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Por enésima vez desde que Rodríguez Zapatero llegó al poder en 2004, asistimos a otra ronda de  rumores en ocasiones interesados acerca de la dimisión o destitución de un miembro del Gobierno. Magdalena Álvarez, Pedro Solbes y Miguel Ángel Moratinos son algunos de los nombres objeto de recurrentes y oportunas olas de especulación a propósito de su siempre inminente cese. Recurrentes porque los rumores se producen con cierta regularidad sin que hasta la fecha se hayan probado ciertos, y oportunos porque suelen coincidir con algún momento demoscópicamente adverso para el presidente del Gobierno.

Desde que en 1999 se hiciera con la política de comunicación de la campaña de su partido en las elecciones municipales, autonómicas y al Parlamento europeo, marcadas por el célebre "caso del lino" y por la actuación polémica y fallida de Baltasar Garzón, el líder socialista ha recurrido con asiduidad a burdas cortinas de humo a fin de desviar la atención sobre sí mismo y el PSOE.

Tras el cada día más evidente fracaso de la operación contra el PP por la presuntas actividades ilegales de algunos empresarios y varios cargos de ese partido, y que tanto recuerdan la ofensiva rastrera llevada a cabo contra Loyola de Palacio hace diez años, el presidente del Gobierno y sus asesores han optado por difundir la "noticia" de la pérdida de favor del ministro de Justicia Mariano Fernández Bermejo. Se asegura que el ministro abandonará su cargo en los próximos días, aunque siempre tras las elecciones vascas y gallegas del 1 de marzo. De esta forma los socialistas se congratularían con un electorado harto de la ineficacia de un ministro cuya actuación sólo puede ser calificada de indigna y ridícula, aunque al tratarse de un rumor Zapatero podría cambiar de parecer o retrasar el cese de Fernández Bermejo.

En cualquier caso, estamos ante una nueva argucia presidencial a fin de eludir responsabilidades por el nombramiento y mantenimiento de un personaje cuya ruindad parece haber alcanzado su nadir con motivo de las cacerías y excursiones a cargo del erario público y sus sospechosos encuentros con el juez Garzón y la fiscal Delgado. Tal vez ahora Zapatero opte por desembarazarse de ese fardo inservible en que se ha convertido el otrora fiscal favorito del PSOE.

El enrarecimiento del caso contra el PP, convertido por obra y gracia del juez socialista y su compañero de exclusivas monterías en el caso Bermejo, su probable traslado fuera de la Audiencia Nacional, y sobre todo la crisis económica, que difícilmente dejará de estar de actualidad por mucho que le pese al Gobierno, aconsejan la adopción de alguna medida que mejora la imagen de un Ejecutivo que la mayoría de los ciudadanos considera ineficaz y absolutamente desmañado.

Sin embargo, nada cambiará porque Fernández Bermejo dure unos días más en su cargo. Ni los parados encontrarán empleo ni la situación de la Justicia se corregirá. Y tampoco dejará el PSOE de intentar eliminar al PP y a sus votantes de la vida política española a base de pactos vergonzosos con los nacionalistas, para los que actúa como lista blanca, y enredos más o menos espectaculares. A estas alturas, Rodríguez Zapatero no engaña a nadie. No tiene donde esconderse.


 

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