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EDITORIAL

ZP quiere crear aún más paro

Zapatero vive alejado de la realidad, cree que sus decisiones "sociales" no tienen consecuencias graves y que la crisis se resolverá incrementando el tamaño y la participación del Estado en la economía.

EDITORIAL
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En toda crisis económica, como bien sabe cualquier padre de familia, conviene apretarse el cinturón: reducir gastos, no endeudarse y buscar otro trabajo. Si en una época de penuria, una familia se comprara un nuevo automóvil, pidiera un préstamo para irse de vacaciones y abandonara todos sus trabajos, probablemente experimentaría una bancarrota completa.

Pues bien, ésta es la situación a la que nos está abocando el Gobierno, pero con una importante diferencia con respecto al ejemplo anterior: si bien la familia tomaba malas decisiones para su futuro económico, lo hacía bajo su propia responsabilidad. Zapatero, sin embargo, nos está embarcando a todos coactivamente hacia la quiebra. Los hechos son inapelables: el Gobierno no ha dejado de aumentar el gasto público desde que ha alcanzado el poder (incluso en los Presupuestos de 2009 se contempla un incremento del 3,3%) y se ha cargado el superávit presupuestario con sus "políticas sociales" y sus "planes de estímulo económico". Durante esta crisis, nos había impuesto 37.400 millones en despilfarro y deuda, pero todavía no había tocado el mercado laboral. Su pasividad era escandalosa (ya que se negaba a liberalizarlo mientras cientos de miles de personas perdían su empleo) pero al menos no empeoraba la regulación existente.

Sin embargo, parece que el año nuevo le incentiva a meterse hasta el fondo del fango. Este viernes, en el Consejo escoba de 2008, el último del año, el Ejecutivo tiene pensado subir el salario mínimo interprofesional (SMI) en, al menos, un 3,5% hasta los 621 euros al mes. Desde luego, necesitamos reformas de calado en el mercado laboral, pero no en esta dirección.

La teoría económica ha dejado bastante asentado que el salario mínimo o es irrelevante o causa paro. Si una persona ya está percibiendo un sueldo superior al que marca el SMI, no le afectará en nada; ahora bien, si un trabajador venía cobrando el salario mínimo, la subida bien podría condenarle al desempleo. Especialmente ahora, cuando todas las empresas están tratando de reducir costes a marchas forzadas y cuando, por tanto, los empleos que generen un menor valor añadido tenderán a eliminarse. Así pues, en tanto en cuanto el nuevo salario mínimo sea superior a la riqueza que produzca un trabajador dentro de la compañía, ese puesto tenderá a desaparecer.

Pero Zapatero no sólo está agravando la crisis con sus irresponsables intervenciones en material laboral, además está retrasando la recuperación. Al fin y al cabo, la economía española debe reestructurarse, lo que significa que muchas empresas tienen que desaparecer y muchas otras, nacer. Sin embargo, aumentar el SMI puede hacer que muchos proyectos empresariales se queden en barbecho debido al incremento de los costes salariales iniciales (sobre todo en un contexto donde el crédito no fluye con tanta facilidad como antes y, por tanto, las nuevas empresas no tienen el mismo margen temporal para empezar a generar beneficios).

Por supuesto, la decisión del PSOE no es dramática. Aumentar un 3,5% el SMI no significa que la economía vaya a hundirse pasado mañana. Los afectados serán solamente una porción de trabajadores que ni mucho menos es mayoritaria (aunque esto ya dice mucho sobre los auténticas intereses del Gobierno: no se preocupa por los más débiles, sino con quedar bien de cara a la galería socialista). Ahora bien, sí exterioriza los principios de una política económica (y concretamente laboral) muy peligrosa para los españoles. En concreto, Zapatero vive alejado de la realidad, cree que sus decisiones "sociales" no tienen consecuencias graves y que la crisis se resolverá incrementando el tamaño y la participación del Estado en la economía.

Por desgracia, todo apunta a que 2009 comenzará igual que 2008: con un Gobierno encerrado en su torre de marfil que se niega a acometer las reformas liberalizadoras que sí son imprescindibles para nuestra estructura productiva y, así, con una continuidad de nuestra decadencia económica.


 

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