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Eduardo Goligorsky

En la fosa séptica

No me canso de expresar mi desconcierto por el hecho de que la estabilidad del Gobierno de España dependa de unos partidos que no se consideran españoles.

Eduardo Goligorsky
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No me canso de expresar mi desconcierto por el hecho de que la estabilidad del Gobierno de España dependa de unos partidos que no se consideran españoles.
Rufián | EFE

No me canso de expresar mi desconcierto por el hecho de que la estabilidad del Gobierno de España dependa de los caprichos de un conglomerado de partidos políticos que, aunque enfrentados entre ellos por apetitos de lucro, coinciden a la hora de negar su condición de españoles e incluso proclaman su voluntad de perjudicar, en la medida de sus posibilidades, la convivencia social y la prosperidad económica del país que comete la insensatez de permitirles participar en sus asuntos internos. La presencia de ERC, JxCat, CUP y Bildu en el Parlamento de España es tan incongruente como lo sería la de un partido eslovaco en las instituciones de Chequia, o ucraniano en las de Rusia, o kosovar en las de Serbia.

Guiñol anticonstitucional

Así nos va. Sobre todo porque estos partidos regionales, ajenos y hostiles por definición a los intereses de España, están coaligados con otro de dimensión nacional, nacido del huevo de la serpiente comunista extranjera, que a su vez completa el bloque que dicta el guion al malabarista del guiñol anticonstitucional: Pedro Sánchez.

El guiñol lo interpretan, disciplinadamente y de común acuerdo, los renegados de su nacionalidad española y los delfines de los bolcheviques que se estrenaron asesinando a los Romanov y se diplomaron masacrando a cien millones de personas. Juntos, se movilizan para proscribir la Monarquía parlamentaria y sustituirla por un mosaico de republiquetas autocráticas gangrenadas por los virus del castrismo, el chavismo y el peronismo.

Dominios feudales

Pero no es necesario ir tan lejos para vislumbrar lo que nos aguarda si nos dejamos embaucar por estos rufianes. Basta comprobar la falta de escrúpulos con que actúan aquí, aprovechando el poder que han usurpado ilegalmente en sus dominios feudales de Cataluña. Y –¡ojo!– quienes dejan al descubierto sus trapacerías, en este caso, no somos únicamente sus antagonistas, sino sus propios camaradas, hartos de que la estulticia de sus líderes y la obsolescencia de sus ideólogos los arrastre de fracaso en fracaso y de papelón en papelón. Escribe el pastor del rebaño Francesc-Marc Álvaro ("El poso y el pozo", LV, 8/6):

La descomposición de las relaciones entre los socios en el Govern es clamorosa, insostenible, ridícula y casi obscena, lo cual produce vergüenza ajena en la ciudadanía catalana y aboca a los políticos concernidos a la pantomima más grotesca.

(…)

El Ejecutivo Torra ya ha tocado fondo y, como sucede con las cafeteras una vez hemos preparado el café, ahora solo queda el poso, unos restos que se están reutilizando compulsivamente, simulando que no pasa nada, como si los ciudadanos no tuvieran buen paladar para darse cuenta de que el brebaje es solo agua sucia, cada vez peor. (…) Y del poso pasamos directamente al pozo. Quiero decir que vamos de cabeza al pozo más negro. No es solo la gestión pésima de las residencias de ancianos, o la poca credibilidad abordando el futuro de la factoría de Nissan, o los golpes de volante en Interior, o la desorientación que proyecta el Departament d´Educació, o las respuestas de la consellera portavoz… Es el conjunto del Gabinete catalán el que está averiado.

Esquela fúnebre

Los supremacistas están nerviosos. Álvaro ve que van "de cabeza al pozo más negro". Podría haber dicho que ya están en la fosa séptica, en cuyas aguas servidas flotan las jeremiadas de los monigotes de la sedición.

Hasta la trabucaire Pilar Rahola hurga en el estercolero, enfurecida por la posibilidad de que los coqueteos del PSOE con Ciudadanos "deje a los periféricos en fase de desecho ahora que no son necesarios" ("La muleta", LV, 10/6). Y enrolada en la beligerancia del dúo lunático Puigdemont-Torra, abomina del tartufo Oriol Junqueras, "cuya política de apaciguamiento chamberliano queda tocada. (…) El bofetón es de órdago: nunca un partido había tenido una oportunidad tan buena como la que ha tenido ERC para conseguir algún acuerdo solvente y nunca se había desaprovechado de manera tan estúpida". Y remata así la esquela fúnebre de su república ("Hermitage", LV, 18/6):

Debemos de ser los únicos imbéciles que expulsamos grandes proyectos de inversión en plena crisis económica. Para tirar de la cadena…

Allá ellos con sus disputas carroñeras. Lo cierto es que su simulacro de república es una fosa séptica donde ningún ciudadano decoroso querría revolcarse cotidianamente.

¡Larga vida a la Monarquía constitucional en España!

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