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Eduardo Goligorsky

Europa no paga traidores

Ni a Europa ni a su componente español les interesa apadrinar la creación de este simulacro de 'repúblika' infectada por virus racistas y xenófobos.

Eduardo Goligorsky
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Eduardo Goligorsky - Europa no paga traidores
Imagen de la manifestación independentista en Estrasburgo ante las puertas de la Eurocámara | EFE

Las redes de arrastre del supremacismo catalán atrapan selectivamente a sus cautivos. Cuando toca llevarlos a los colegios electorales en la jornada de los comicios legales, capturan hasta dos millones de adictos, un 39% del censo. Si el evento es un referéndum ilegal desprovisto de fiscalización fiable (1-O), la cifra publicada es más o menos la misma. Los cómputos de asistencia a los actos del 11 de septiembre quedan librados a la imaginación de los organizadores, y las manifestaciones, cortes de carretera y escraches que alteran la vida normal de la población trabajadora y estudiosa solo reúnen a pocos miles o centenares de activistas hiperventilados o de ociosos en plan chirigota.

Complicidades contra natura

Últimamente, estas redes de arrastre han expandido su radio de acción para montar espectáculos bochornosos en países vecinos, donde los prófugos de la justicia española buscan impúdicamente complicidades contra natura. Dicen que el Consell per la República reunió entre 8 y 10.000 forofos frente a la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo para apoyar el usufructo de escaños por los reos Carles Puigdemont y Antoni Comín . La corresponsal María-Paz López retrata así a la concurrencia ("Aquí nadie desfallece", LV, 3/7):

Este perfil de persona de edad, con tiempo libre y economía holgada, dispuesta a viajar, salta a la vista al escrutar el paisaje humano del día.

Muchos viajaron en los más de 60 autocares y los vuelos charter que fletó la ANC con nuestros impuestos, aunque alguna familia "también ha organizado una escapada vacacional en coche". Los dos prófugos desertaron de la cita y se plantaron en territorio alemán por miedo a que la gendarmería francesa les aplicara una orden de detención urgente. Puigdemont se escaqueó como es su costumbre, a pesar de que su documento español, único con el que peregrina denigrando a su país natal, le habría permitido cruzar la frontera. Precisamente Lola García reveló, con gran escándalo de la cofradía renegada, que el DNI del prófugo expira el 3 de febrero próximo y su pasaporte –también español, por supuesto– el 3 de agosto del 2023 ("Mar de fondo en la antigua Convergència", LV, 2/6).

Instintos carroñeros

Lo que el cardumen arrastrado por la red se empecina en ignorar, a pesar de que está claro como el agua, es que las coordenadas de su itinerario son idénticas a las del nefasto Brexit, y que el sibarita megalómano que guía la operación desde el palacete de Waterloo actúa movido por los mismos instintos carroñeros que convierten a Nigel Farage y Boris Johnson en las bestias negras del Reino Unido. David Fernández compadece al rebaño del falsario sublevado contra Europa ("Adéu, Europa!", LV, 8/7):

Me disculparán el desahogo, pero me resultó especialmente penoso escuchar a Carles Puigdemont dando lecciones a la Unión Europea. Y lo lamento también por los pocos miles que se fueron hasta Estrasburgo con amplia representación entre ellos de jubilados que, otra paradoja, siguen cobrando su pensión mientras se la garantiza un Estado del que quieren irse. Y ya no les importa si en la deriva dejan de ser europeos.

Ni europeos, ni españoles… ni catalanes. En el mitin no se vio ni una bandera catalana. Solo las esteladas revolucionarias de la tribu apátrida.

Trinchera cavernaria

Esta es la cuestión. En sus trances de rabia incontrolada, el "pastelero loco" (Joan Coscubiella dixit) regurgita la hostilidad que le inspira la Unión Europea porque esta bloquea su ofensiva contra las instituciones democráticas del Reino de España. No se priva entonces de anatematizarla desde su trinchera cavernaria. Por ejemplo, tuvo la desfachatez de definir así a la UE ("Puigdemont cree que Catalunya debería votar si quiere seguir en la UE", LV, 26/11/2017):

Un club de países decadentes y obsolescentes, en el que mandan unos pocos ligados a intereses económicos discutibles.

Ahora, su nueva bravata la lanzó desde la ciudad alemana de Kohl, en la orilla derecha del Rin, porque, repito, temía que la gendarmería francesa lo detuviera si cruzaba el río. Allí (LV, 3/7):

Puigdemont insistió en que la UE necesita "un reforzamiento democrático". "De esta manera no nos interesa esta Europa -dijo-. Una Europa en la que los buenos, las voces plurales de los ciudadanos, no solo no sean escuchadas sino que no tengan los derechos garantizados, no es nuestra Europa.

Joaquín Luna le respondió con su habitual causticidad ("Ho tornarem a fer!; bueno, pues vale" LV, 3/7):

Sí, en el corazón de Europa. En Estrasburgo, Alsacia. Allí, ayer, un sector del independentismo mostró hasta dónde alcanza su arrogancia: o Europa nos da la razón -cosa que no sucede ni en los tribunales ni en sus instituciones- o Europa es una mierda que ni sabe de democracia ni de libertades.

Arrogancia y esperpento. Una escenificación llamada a seguir engañando a la tropa y evitar que asuma hasta qué punto el rey estaba desnudo en esta fábula política financiada con fondos públicos (otra curiosa forma de represión inaudita en el mundo).

Aprendiz de 'Führer'

La fanfarronada del aprendiz de Führer prófugo se debe leer a la inversa. Ni a Europa ni a su componente español les interesa apadrinar la creación de este simulacro de repúblika infectada por virus etnocéntricos, racistas y xenófobos, víctima de un desgobierno protagonizado por sectas igualmente rapaces que se disputan el botín, donde se tergiversa la historia y se maltrata la cultura para justificar la fragmentación cainita, en tanto que se ahuyenta a emprendedores, inversores y turistas para favorecer a una oligarquía retrógrada. Esta es la razón por la cual Europa y su componente español tratan a los golpistas imputados por la justicia con el mismo desprecio que reservan para los promotores del Brexit desquiciante.

Europa no alimenta los brotes totalitarios. Europa no paga traidores.

PS: Cuenta la leyenda que allá por el año 150 A.C. el cónsul Quinto Servilio Cepión de Lusitania ofreció una recompensa a quien matara al jefe rebelde Viriato. Tres allegados a este lo asesinaron y cuando reclamaron la recompensa, el cónsul respondió: "Roma no paga traidores". La frase quedó estereotipada para denigrar a políticos desleales.

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