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Jugaron con fuego

Me refiero a quienes, sin ser parte del clan, allanaron el camino a los aprendices de brujo adulándolos o colaborando con ellos.

Eduardo Goligorsky
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Y se achicharraron. No me refiero a los dos firmantes del bautizado como Pacte per la Llibertat, ni a su séquito de validos, ni a la legión de parásitos que ambicionan succionar los fondos públicos desde las nuevas embajadas, la nueva Hacienda, el nuevo banco y las nuevas infraestructuras burocráticas que promete crear dicho pacto. Me refiero a quienes, sin ser parte del clan, allanaron el camino a los aprendices de brujo adulándolos, o riéndoles las gracias, o colaborando con ellos, o manteniéndose discretamente a la expectativa.

Son estos cómplices por activa o por pasiva quienes van a pagar el pato de los desafueros que perpetrarán los falsos profetas y sus seguidores durante los dos años que se han fijado como plazo para consolidar su poder. Un periodo demasiado largo para que la clase media, los empresarios y todos quienes dependen de su iniciativa y su trabajo puedan sobrevivir en un clima de creciente crispación, empobrecimiento, fuga de capitales y ruptura con el resto de España y de Europa. Sólo el 34% del censo electoral avaló este desquicie. La realidad apremiante hará que la parte no parasitaria de ese 34%, sumada al grueso de los ciudadanos productivos de Cataluña y España, nos pongamos de acuerdo para frenar tamaño despropósito.

Argumentos irrefutables

Nadie podrá alegar, en su descargo, que no hubo voces que denunciaron lo que se avecinaba. Nos acusaron de propalar el discurso del miedo. Nuestros argumentos eran irrefutables y hoy los confirma la realidad. Los sintetizó nada menos que Jordi Pujol (LV, 4/9/2011) al describir el estado de ánimo pesimista de un amigo suyo, al que intentaba consolar con falacias que hoy no se tienen en pie:

Le asusta más el hecho de que, según me dice, encuentra a más gente que antes que se declara independentista. Y le preocupan, sobre todo, las consecuencias que eso podría tener para su empresa, que si bien exporta, y cada vez más, sigue teniendo a España como su mercado principal. Teme (...) por la pérdida de todo o de buena parte del mercado español si Catalunya se convirtiera en país independiente.

Francesc-Marc Álvaro también enumeró, para rebatirlos con una dosis de ilusión, los miedos que corroían a las personas sensatas y realistas como ese amigo de Jordi Pujol (LV, 27/9):

Miedo al aislamiento internacional, miedo a la fractura social, miedo a la decadencia económica, miedo a la deslocalización empresarial, miedo a la exclusión cultural, miedo a repetir la tragedia balcánica, miedo al caos y al precipicio.

¿Acaso alguien que no tenga asegurado su futuro en el aparato político y mediático del pacto secesionista puede sentirse vacunado contra esos miedos? Artur Mas intentó exorcizarlos en el discurso que pronunció para convocar a las elecciones que lo convertirían en subordinado del atrabiliario Oriol Junqueras (LV, 2/10):

No se puede hacer callar la voz de un pueblo y de una nación a base de introducir el miedo, porque quien lo haga se está retratando en el ámbito interno e internacional.

Motivos para asustarse

Y llegó el 19-D, cuando Artur Mas y Oriol Junqueras firmaron el Pacte de la Llibertat. No olvidemos que Mas se había hecho fotografiar disfrazado de Sant Jordi porque éste era quien mejor reflejaba su personalidad (LV, suplemento "Vivir", 25/2/2001), y que Junqueras confesó a Lluís Amiguet que se hizo independentista a los ocho años y que a esa edad ya tenía muy claro que estaba contra la Constitución española (LV, 12/11). Un iluminado y un adulto cuyo proceso de maduración se ha detenido en una acuciante obsesión infantil. ¡Vaya si había y hay motivos para asustarse! Muchos de quienes nos acusaban de utilizar el miedo como arma electoral, y hasta algunos que planeaban medrar con el negocio de la soberanía, ya exhiben su pánico sin disimulo.

El mismo 19/12, José Antich, director del somatén mediático, firmó un destacado en el que decía:

Es cierto que la fuerza mayoritaria, Convergència i Unió, que tuvo un importante retroceso, llevaba en su programa la celebración de una consulta legal durante los próximos cuatro años, pero concretarla en el 2014 es añadir incertidumbre sobre una legislatura ya de por sí precaria, no infunde confianza en la capacidad de CiU para alejar a ERC de posiciones minoritarias y maximalistas y tampoco refuerza el liderazgo del president Mas en un momento tan delicado como el actual. Al contrario emerge Oriol Junqueras como quien más ha ganado con el acuerdo y no es extraño por ello que el escepticismo en sectores centrales de la sociedad sea alto.

El editorial de ese mismo día era igualmente explícito, aunque su inexperto redactor no habría superado las pruebas de PISA:

El pacto, que se dará a conocer solemnemente hoy, incluye una serie de medidas para hacer frente a la crisis económica sobre las que se han expresado últimamente razonables dudas en cuanto a su practicidad, su eficacia y, especialmente, sobre algunos efectos que pueden resultar nocivos para la economía catalana. Así lo expresaron las patronales Foment y Fepime y la Cambra de Comerç.

Y el 20/12 Jordi Barbeta escribía, allí mismo, al narrar la firma del pacto:

Más allá de la solemnidad protocolaria se palpaba en el ambiente una sensación de incertidumbre que proviene de la actitud escéptica respecto del acuerdo expresada por el establishment empresarial barcelonés, de la evidencia de que la situación financiera de la Generalitat es prácticamente de quiebra y de absoluta dependencia del Gobierno español.

A renglón seguido, el gurú Enric Juliana, que parece haber perdido el respeto a estos enredadores antaño todopoderosos, se burla:

El principal foco de tensión interior se traslada definitivamente del País Vasco a Catalunya y permite imaginar un año 2014 sin la isla de Ítaca, sin naves catalanas zarpando rumbo al Mediterráneo oriental, sin las ambigüedades del Pacte per la Llibertat y sin las sentimentalidades de un catalanismo que apenas ha ensanchado su base sociológica –esa es una de las lecciones importantes del 25 de noviembre–, pero sí ha aumentado unos grados su temperatura.

Trance catártico

La prueba de que los juegos con fuego han chamuscado, por lo menos, a algunos de los más intemperantes paladines del secesionismo la encontramos en las amargas reflexiones que nos trasmiten Francesc-Marc Álvaro y su cofrade Pilar Rahola, ambos en la misma página de La Vanguardia (20/12). Escribe Álvaro:

La prisa aparece como un factor irracional que –hay que decirlo claramente– contamina, distorsiona y pone en peligro una empresa que exige mucho trabajo silente y una cierta perspectiva. (...) Y, sobre todo, sería bueno tener en cuenta unas lúcidas palabras de Gaziel escritas en 1944: [traduzco del catalán, E. G.] "Cataluña, como Polonia, como Irlanda, como todas las naciones secularmente desdichadas, son pueblos en cuya historia las carencias, las catástrofes colectivas debidas a la intervención nefasta de los mismos nativos, superan los infortunios o catástrofes de tipo fatídico".

Y se pregunta, en un rapto de clarividencia, la panfletista Rahola:

¿Realmente han encontrado una solución los dos partidos del pacto? Pues que nos lo expliquen pronto, porque el sueño de Ítaca nos ilusiona, pero sería bueno saber si podremos sobrevivir a la travesía.

Vuelvo, para contrarrestar la chamusquina provocada por tantos juegos con fuego, al plano de la racionalidad. En La Vanguardia del 20/12, aparentemente sumida, tras el shock del pacto, en un trance catártico, Lluís Foix aporta un dato muy valioso:

El referéndum va en contra de la Constitución española. Pero también va en contra del Estatut de Catalunya vigente. Es una ruptura con la ley española y con la ley catalana. No hay mayoría suficiente de dos tercios para reformar el Estatut del 2006. Entiendo que estamos ante una ruptura con España. Pero también ante la ruptura de las normas democráticas catalanas votadas en referéndum.

Un torpedo contra la línea de flotación de la nave que iba a zarpar rumbo a Ítaca. Fin de la farsa.

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