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Eduardo Goligorsky

Verdugos en el altar

Es nada menos que el vicepresidente segundo del Gobierno de España quien rinde culto en su altar al verdugo Lenin.

Eduardo Goligorsky
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Es nada menos que el vicepresidente segundo del Gobierno de España quien rinde culto en su altar al verdugo Lenin.
El vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias | EFE

Provoca sonrojo la falta de rigor crítico que ha transformado la mayoría de los obituarios de Julio Anguita en ensayos hagiográficos. Periodistas que conservaban testimonios del odio visceral a la democracia burguesa –ya fuera de matriz liberal o socialdemócrata– que había impregnado la trayectoria política del califa rojo edulcoraron su biografía para presentarlo como un prodigio de virtudes cívicas. Habría bastado con recordar sucintamente las atrocidades que están inseparablemente asociadas a la ideología comunista que él profesaba con orgullo para desmitificar su figura, como ha hecho Carmelo Jordá ("Contra Julio Anguita", LD, 19/5).

Supuran las heridas

Afortunadamente, el voto de los ciudadanos españoles mantuvo a Anguita alejado del poder. Poder que convirtió a sus camaradas de la URSS, China y sus satélites en los verdugos de cien millones de seres humanos. Pero él nunca ocultó su admiración por esos verdugos, que elevaba a su altar, ni su predisposición a copiar sus recetas de barbarie dictatorial. Era comunista.

Es escalofriante, en este contexto, comprobar que el vicepresidente segundo del Reino de España, que sí goza de poder y lo emplea contra la Corona y el Estado de Derecho, no solo se jacta de ser discípulo de este dictador frustrado, sino de compartir con él el culto a los verdugos de su altar. A Pablo Iglesias todavía le supuran las heridas que le produjeron la caída del Muro de Berlín y la defunción del imperio soviético. Escribe en su despedida del camarada Anguita ("La sensibilidad y las agallas", LV, 17/5):

El segundo gran naufragio llegaba con la caída del muro de Berlín y el nuevo ecosistema geopolítico e ideológico posterior a la guerra fría. Muchos excomunistas españoles, del partido y del sindicato, transitaron dócilmente hacia la familia socialdemócrata y asumieron el modelo de construcción europeo de Maastricht.

El verdugo preferido

El verdugo que ocupa el lugar de preferencia en el altar de Pablo Iglesias, como este mismo ha confesado, es Vladímir Ílich Uliánov, Lenin. En el acto de presentación del libro colectivo 1917. La revolución rusa cien años después (Editorial Akal), Iglesias, que estuvo acompañado por el entonces vicepresidente de Bolivia, el marxista-leninista Álvaro García Linera, elogió "la capacidad de Vladímir Lenin de convertir lo imposible en real", y, según la crónica del diario El País (26/7/2017),

ha ponderado el "genio bolchevique" que ha definido como "la llave política para abrir las puertas de la historia", por ser el mejor legado de la revolución rusa al "construir una teoría política para ganar". Una característica, ha defendido, que explica el temor de los conservadores a Lenin por demostrar que "la política puede ganar a la historia" al elaborar "una ciencia política para los de abajo más potente que la de los de arriba".

"Lenin es un genio de la conquista del poder político", ha abundado. (…) El líder de Podemos ha atribuido el temor anticomunista que todavía hoy existe a "la capacidad bolchevique para ganar y derrotar a enemigos imbatibles".

Esa cualidad de ser "la llave que abre puertas" y "producir orden" la ha extendido a los comunistas españoles que, durante la Guerra Civil, formaron "un ejército disciplinado para ganar la guerra", buscando alianzas internacionales y, a diferencia de los anarquistas, con su pragmatismo evitaron hacer la revolución. "Eso hace entender qué es el leninismo".

La dictadura anhelada

Pablo Iglesias no puede controlar su vicio de tergiversar la realidad, y cuando aborda el papel de los comunistas en la guerra incivil oculta que estos se subordinaron a los comisarios estalinistas soviéticos y de otras ramas de la Tercera Internacional, y fracturaron el bando republicano, donde proliferaron las purgas y las checas. Hasta la derrota final del fantasmagórico "ejército disciplinado". En lo que sí acierta es en la reivindicación del pragmatismo leninista como táctica para la implantación gradual de la dictadura anhelada. Este es el plan subversivo que él y sus cofrades aplican al pie de la letra con singular desparpajo.

Tres días después de abrazarse con el entreguista doctor Sánchez, Iglesias pidió paciencia a sus militantes (LV, 15/11/2019). "Los avances que más merecen la pena no se consiguen a la primera", los sermoneó. "El cielo se toma con perseverancia".

Nostálgico de los gulags

Y al infierno comunista también se baja paso a paso. El vicepresidente segundo hace gala de su beligerancia contra la unidad de España, contra la Monarquía parlamentaria constitucional, contra las sentencias judiciales que aíslan a los violentos y los sediciosos, contra las Fuerzas Armadas que protegen nuestra seguridad y nuestra soberanía, contra nuestra condición de ciudadanos libres e iguales, contra el derecho de propiedad y contra nuestra integración en la Unión Europea y en el mundo civilizado… ese vicepresidente segundo se ha colado, además, por la puerta falsa en los servicios de inteligencia, cuya función consiste en combatir los desafueros que él y su banda perpetran… y sí, es nada menos que el vicepresidente segundo del Gobierno de España quien rinde culto en su altar al verdugo Lenin.

Las tareas de desinfección post pandemia solo se completarán cuando los partidos constitucionalistas, la sociedad civil y las instituciones guardianas de la democracia sepulten en las alcantarillas de la política, de donde nunca debería haber salido, a este ensoberbecido matón nostálgico de los gulags.

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