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Eduardo Goligorsky

Volvemos a la plaza

La suma de calamidades que se ha precipitado simultáneamente sobre España es tan extrema que la coloca al borde de la extinción.

Eduardo Goligorsky
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La suma de calamidades que se ha precipitado simultáneamente sobre España es tan extrema que la coloca al borde de la extinción.
EFE

Los aficionados a la pesca de chapuzas políticas se complacen en citar, un día sí y otro también, la asistencia de Ciudadanos al acto tripartito de la Plaza de Colón en defensa del régimen constitucional. Atribuyen a la confraternización con el PP y, sobre todo, con Vox el descalabro posterior del partido naranja, con la consiguiente espantada de su líder y fundador, Albert Rivera. Los hechos demuestran que los críticos pecaron de intolerancia. Volvemos a la plaza. El regreso es menos espectacular, con cambios circunstanciales en los papeles protagónicos y el traslado de la sede del encuentro, pero con la misma finalidad cívica que llenó de patriotas la Plaza de Colón: la defensa del régimen constitucional.

Suma de calamidades

¿Cuál es el escenario de este reencuentro, a quiénes congrega y cómo se manifiestan sus frutos? Vayamos por partes. Si bien todos los países atraviesan etapas de crisis que ponen a prueba su capacidad de resistencia, la suma de calamidades que se ha precipitado simultáneamente sobre España es tan extrema que la coloca al borde de la extinción.

Todo empezó con la implantación de un Gobierno contra natura presidido por un trepador sin escrúpulos, amancebado con el cabecilla de una banda de matones decididos a copiar en España el modelo comunista que hundió en la miseria a la depredada Venezuela. Este contubernio sobrevive con el apoyo de extorsionadores de variopinto pelaje, entre los que sobresalen, por un lado, los rufianes renegados de la nacionalidad española que socavan las instituciones donde se han infiltrado y, por otro, los albaceas del terrorismo etarra. En síntesis, una tropa subversiva alzada contra la Monarquía parlamentaria consagrada por la Constitución.

Hasta que llegó el coronavirus y lo puso todo patas arriba.

Desconfianza muy justificada

Ahora, los patriotas de la Plaza de Colón, hermanados por la nueva realidad, pueden exhibir su fuerza, y aumentarla hasta límites antes impensables, en el Congreso. La alianza a favor del país se aglutina con perfiles variables entre una votación y otra, pero el resultado siempre remite a la lealtad a España manifestada en la Plaza de Colón. Sorpresa: se altera el elenco de la plaza, y el PP y Ciudadanos se encuentran en la incómoda compañía del PSOE, UP y el PNV, en tanto que falta Vox. Si aparcamos nuestra muy justificada desconfianza por la presencia de los socios entreguistas, antisistema y nacionalistas, debemos confesarnos satisfechos: se aprobó el ingreso mínimo vital, hubo 265 votos a favor del mal llamado ‘decreto de nueva normalidad’, creció el apoyo a la candidatura de Nadia Calviño para la presidencia del Eurogrupo y se creó el contexto apropiado para que la CEOE intervenga en la fijación de la política económica.

Sin embargo, tal vez lo más importante es que, a partir de ahora, se ha resquebrajado el bloque de la investidura, que operaba a cara descubierta con el fin de bolchevizar España, fragmentándola en un mosaico de republiquetas mostrencas expulsadas del marco europeo. El PSOE se ha desvinculado de las campañas de Unidas Podemos contra el expresidente del Gobierno Felipe González y contra el rey emérito y la Monarquía constitucional, así como de los mamarrachos jurídicos urdidos contra el derecho de propiedad y la sociedad abierta. Una desvinculación tibia, es verdad, pero que se irá calentando a medida que el PP, Cs y la CEOE hagan sentir su presencia, y a medida que surta efecto el control de la Unión Europea sobre el despilfarro populista.

Digna de elogio

Si hay observadores que todavía se preguntan qué papel juega Ciudadanos en esta nueva alineación de fuerzas, creo que la respuesta se encuentra en la reacción anafiláctica que su presencia produce en los rufianes de ERC y otras sectas secesionistas. Ya escribí que Ciudadanos opera sobre las antenas xenófobas de los supremacistas catalanes y vascos como el crucifijo y la ristra de ajos sobre las neuronas degeneradas del conde Drácula de Transilvania, ahuyentándolos. Y para poner fin al chantaje Ciudadanos exige que la mesa en mala hora bautizada ‘de diálogo’ sea la de la autopsia del procés.

Para los defensores desprejuiciados de la Monarquía constitucional, fue digna de elogio la presencia de Ciudadanos en la Plaza de Colón junto a una multitud de patriotas, y hoy lo es su participación en la reconstrucción de la España post-virus, unida, solidaria y libre de intromisiones retrógradas. Junto a esos mismos patriotas y a todos los que se vayan sumando sin discriminaciones. En ello nos va la vida.

PS: A los ciudadanos liberales, centristas, nos resulta fácil decir que jamás votaríamos a la extrema derecha. Sin embargo, si viviera en Perpiñán, habría votado sin titubear al candidato tachado de ultraderechista, porque fue el único que prometió levantar una barrera contra otra invasión de los Torra-Puigdemont y sus legiones de cruzados irredentistas. Afortunadamente, la racionalidad de los republicanos franceses triunfó sobre la mitología de los Països Catalans.

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