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Banda estrecha

Pero el ADSL tiene poco de banda ancha. Hablamos de banda ancha a partir de 2 megabits por segundo, y esa es una velocidad que disfrutan unos pocos privilegiados

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Resulta algo molesta la masiva utilización de la expresión "banda ancha" para referirse al ADSL que sufrimos en España, que dista mucho de ser banda ancha, y desde luego de ser el paradigma de la modernidad que nos intentan vender las empresas de telefonía.
 
España perdió, en otoño de 1998, la oportunidad dorada para impulsar el crecimiento de la sociedad de la información en España, cuando la cuestión del acceso resultaba crucial y se requerían todos los esfuerzos de los poderes públicos para llevar a buen término la causa y hacer progresar a España en los indicadores de la sociedad de la información. La renuncia a establecer marcos tarifarios más flexibles fue el primer paso hacia la lastimera situación de la sociedad de la información en España, en cuyos rankings solemos compartir puestos con Lituania y otros países de primer orden.
 
Un par de años más tarde, cuando la burbuja había estallado y nos encaminábamos hacia una crisis económica, llegó el ADSL de 256Kbps, cuya progresión, contra todo lo que se quiera argumentar, ha sido lenta, mala, sin competencia de ningún tipo y con un servicio que se ha mantenido invariable durante más de... ¡4 años! A pesar de la continua bajada de los precios del ancho de banda, del incremento del número de clientes o de la propia progresión de Internet (más tendente a los contenidos de banda ancha). A finales del 2004 Telefónica duplica la velocidad. Francamente, ya iba siendo hora de que la cuadruplicara, como mínimo. Aunque ya conocemos las maneras del monopolio, y en lo referido al ADSL eso es lo único que hemos tenido: monopolio puro y duro. Hasta la fecha, por cierto, pues parece que Red Eléctrica entra en el negocio mayorista dispuesto a introducir algo, siquiera algo, de competencia en este crucial sector.
 
Pero el ADSL tiene poco de banda ancha. Hablamos de banda ancha a partir de 2 megabits por segundo, y esa es una velocidad que disfrutan unos pocos privilegiados, probablemente en el entorno empresarial. Salvo excepciones, sus precios están vetados al internauta de a pie.
 
De la misma manera que las tarifas planas propuestas en el 98 habrían sido muy positivas para el despegue del comercio electrónico, la verdadera banda ancha es crucial para el nacimiento de una serie de servicios cuyo contenido desconocemos a día de hoy pero mañana serán de consumo generalizado y necesarios para la progresión de la sociedad de la información. Ya perdimos el tren del 98 (aciago número para España en los últimos dos siglos), con consecuencias fatales para un comercio electrónico que no termina de despegar en nuestro país frente a los países del entorno, pero estamos a tiempo de coger el de ahora, el de la verdadera banda ancha.
 
Y para muestra, un botón. Un país como Francia, que partía en Internet desde puestos de segundón por la obcecación con una tecnología obsoleta –pero francesa– llamada Minitel (una especie de interfaz de texto similar al teletexto y servicios telemáticos de todo tipo), tiene a día de hoy seis millones de líneas de ADSL, el doble que España. Pero eso no es todo. La oferta más reciente de uno de sus ISPs consiste en la friolera de 15 megabits por segundo de descarga (1 de subida) por menos precio que nuestros anticuados, obsoletos y estrechos 512 Kilobits. Treinta veces más velocidad por treinta euros mensuales. En Francia, naturalmente, sí hay competencia.
 
Las últimas señales son esperanzadoras, con la aparición de algo de competencia en el sector del ADSL (de la mano de Jazztel, Ya.com o Red Eléctrica como mayorista -Tele2 como su primer distribuidor), pero la permanente pasividad de los poderes públicos sigue siendo un lastre para la sociedad de la información en este país, y lo seguirá siendo mientras no se afronte esta cuestión como un problema de estado (ni siquiera de este o aquel ministerio) que requiere soluciones imaginativas, drásticas y urgentes. Hasta entonces seguiremos gozando de una banda estrecha que cada día que pasa vale menos pese a costar lo mismo.

Eduardo Pedreño es editor de DiarioRed.com

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