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Gedeprensa y Periodista Digital

Y más sorprendente es que, ya puestos, no vayan contra IBLNews, otra de las publicaciones “piratas” que juegan a líderes del mundo informativo hispano cuando copian bastante más de lo que producen.

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Dentro de las guerras de la propiedad intelectual, hay ciertas batallas que no dejan de ser llamativas, aunque con un trasfondo igualmente crucial. En el caso de los editores de prensa, la lucha por reivindicar sus derechos de propiedad intelectual se ve entremezclada con los retos de mercado que se les plantean (diarios gratuitos, crisis publicitaria y multiplicación exponencial de los medios en Internet) y que les están conduciendo al ataque a pequeños operadores de mercado (empresas de recortes de prensa), una ínfima parte del pastel que tímidamente empiezan a perder por otras vías.
 
La penúltima vuelta de tuerca en este sentido la hemos conocido con la filtración del borrador de la nueva Ley de Propiedad Intelectual, que endurece la regulación de las llamadas “revistas de prensa”, lo que permitirá a los editores atacar a las empresas de resúmenes de prensa (o press clipping). Y también a publicaciones como PeriodistaDigital o IBLNews, que viven básicamente de copiar informaciones ajenas sin su consentimiento y explotarlas casi como contenido propio.
 
Vaya por delante que soy ejecutivo de una empresa de press clipping, Accesogroup (en cuyo nombre no hablo, quede claro), que por cierto no cobra por la información, sino por la selección, procesamiento, indexación, búsqueda y entrega de las informaciones relativas a sus clientes a través de un complejo proceso de producción. Por lo tanto he vivido el fragor de esta batalla desde que comenzó hace dos años y medio con la “genial” invención de Gedeprensa, una suerte de entidad de gestión privada encaminada a hacer pasar a todo el sector del clipping por el aro de lo que un puñado de sus directivos juzgaban necesario para parar la ficticia “sangría” de su negocio. Digo ficticia porque pese a que los editores cifran en hasta un 30% el daño a su distribución, una cifra que dudo que ellos mismos crean y que recuerda a las comparaciones de la SGAE o la BSA, lo cierto es que todo el sector de empresas de clipping no factura más de 20 millones de euros, una cifra irrisoria para los abultados balances de los grandes grupos mediáticos.
 
Gedeprensa fue una mala idea desde que nació hasta que fracasó (sentencia aquí) a manos del Tribunal de Defensa de la Competencia, que juzgó, no ya que el derecho que se arrogaban los editores era dudoso y no se había visto corroborado por ningún tipo de jurisprudencia, sino que la entidad en sí pretendía regular monopolísticamente un sector establecido con cerca de 20 años de trayectoria en España y obligarle a usar una tecnología de producción propia para la entrega del producto a los clientes. Gedeprensa no fracasó por falta de argumentos legales (que pese a todo son bastante dudosos con la ley en la mano y mientras no haya sentencias al respecto), sino por la soberbia de los grupos editoriales, quienes creían poder entrar a machete en un sector establecido y completamente desconocido para ellos (como evidenció su deficiente desarrollo tecnológico), ponerlo patas arriba, provocar numerosos despidos, cargarse sus esquemas de precios y acabar virtualmente con un negocio de márgenes ínfimos y aún escasa mecanización.
 
Nadie duda del derecho moral de los editores a reclamar lo que legítimamente es suyo, al margen de que la ley sea ambigua –hasta que se apruebe la modificación- en este sentido. Pero una cosa es esto y otra crear el engendro llamado Gedeprensa, dedicar amplios recursos a desarrollar una tecnología propia y pretender imponerla, de forma monopolista, a empresas de press clipping y a cualquier organización que elabore sus propios resúmenes. Tal vez en el futuro los editores sean un poco más avispados y aprendan a dialogar en lugar de agredir e imponer unilateralmente. Si han aprendido la lección así será.
 
Dicho esto, llegamos a la modificación legislativa, que sin duda pondrá negro sobre blanco los derechos de los editores sobre el particular y les permitirá reclamar a las empresas de clipping sin necesidad de jurisprudencia. Aún entonces recomiendo sumo tacto. Personalmente, la modificación me parece legalmente correcta, pero puede crear falsas expectativas en los editores, por dos razones: 1) el sector en el que se meten tiene unos márgenes ridículos, y dudo de que los clientes (que son los mismos que ponen publicidad en sus medios) quieran gastarse más en un producto que ya es un commodity dentro del mundo de la empresa; y 2) deben tener preparada una oferta de sus medios en digital, ya que si la empresa de clipping va a pagar derechos querrá acceder al material original en digital (PDF y XML) para evitar los costosos procesos actuales de digitalización y OCR desde papel, y me consta que la mayor parte de los grupos (algo anticuados en muchos aspectos) carecen de los medios para producir y entregar en estos dos formatos, particularmente el XML. Y eso, a pesar de los tímidos avances que supuso Gedeprensa en este aspecto. Pero, en cualquier caso, y a la espera de ver cómo reaccionan los medios tras la aprobación de la ley, yo les daría un margen y confiaría en que el sector va a encontrar salidas viables y no traumáticas.
 
Y con esto llegamos al aspecto más digital de la polémica. Hace unos días nos desayunábamos con la demanda del diario El Mundo contra PeriodistaDigital.com por copiar sus contenidos y hacer competencia desleal. Tal vez en El Mundo el hartazgo por tanta copia indiscriminada y ciertas cuitas entre ambos medios hayan sido la causa de que no hayan querido esperar a la modificación de la ley para actuar. Periodista Digital lleva un par de años pirateando contenido de otros medios, y haciéndose pasar por una revista de prensa cuando juega a ser un medio como los demás. Esa ambigüedad es peligrosa. Las similitudes con el sector del clipping, inexistentes, ya que ni es un sector establecido, ni tiene múltiples clientes ni ha surgido de una demanda del mercado (como lo hizo el sector del clipping a mediados de los 80). Esa web ha surgido porque sus creadores así lo quisieron. Y si vive instalada en la alegalidad con una conducta muy ambigua (y desde mi punto de vista, bastante poco legítima), es razonable que los medios vayan contra ella. Lo sorprendente es que no lo hayan hecho antes. Y más sorprendente es que, ya puestos, no vayan contra IBLNews, otra de las publicaciones “piratas” que juegan a líderes del mundo informativo hispano cuando copian bastante más de lo que producen.
 
Por otro lado, no creo que esta escaramuza tenga por qué afectar a los weblogs o a otras publicaciones de Internet (o a News.google.es, pongo por caso) ya que una cosa es la cita esporádica con hipervínculo (la tónica en la blogosfera hispana) y otra el pirateo indiscriminado de información, que se hace aún más absurdo en la Red con la bendita existencia del hipervínculo.
 
Finalmente, no nos engañemos: toda esta batalla es parte de una guerra que los medios ya han perdido. En la era de las licencias Creative Commons, defender el chocolate del loro cuando lo que peligra es el núcleo del negocio es como matar moscas a cañonazos. Lo cierto es que si en medio de todo lo que está pasando, ésta es la mayor preocupación de los grupos editoriales, causa justificada para rasgarse las vestiduras en público, francamente, que dios les pille confesados.

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