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Internet de segunda

Españoles o extranjeros, de derechas o de izquierdas: Internet es un invento peligroso y desconocido, incontrolable, fuente de dolores de cabeza y una amenaza constante y permanente que se debe controlar de toda las maneras posibles.

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Hace unas semanas el Gobierno nos sorprendió con una rebaja de impuestos (del 16% al 7%) para todos los productos relacionados con la televisión digital. La rebaja fue pedida (y presumiblemente concedida) a instancia del consejero delegado de Sogecable, un tal Javier Díez Polanco. Tal vez la noticia sea buena, yo no lo sé. Pero todos los productos relacionados con Internet tributan al 16%, como un producto de lujo. Y una parte de la Internet y la blogosfera hispana se ha sacudido el polvo (¡por fin!) y ha decidido exigir al Gobierno español que los productos relacionados con Internet tributen también el 7%. Muy buena iniciativa, a la que no dudaré en sumarme. Pero se han quedado cortos.

Como muy correctamente ha apuntado Enrique Dans, la petición al gobierno español se queda corta. Entre otras cosas, porque la directiva europea que regula el IVA no incluye los productos relacionados con Internet en el apartado de tipos reducidos. Así que, por una vez, no podemos culpar al Gobierno de que Internet sea un producto de segunda, por detrás de la televisión, un producto cultural sin parangón en la cultura occidental.

El problema de que Internet sea un producto de segunda no es de este Gobierno, lo es de todos. Españoles o extranjeros, de derechas o de izquierdas: Internet es un invento peligroso y desconocido, incontrolable, fuente de dolores de cabeza y una amenaza constante y permanente que se debe controlar de toda las maneras posibles. ¿Por qué habría que, encima, reducir los impuestos? ¿Para facilitar que más indocumentados accedieran a toneladas de conocimiento? ¿Para que hubiera más weblogs "desestabilizadores"? Internet no es un producto de segunda porque sí, sino porque lo amenaza casi todo. La Red infunde miedo a los políticos, que no han dudado a la hora de enfrentarse a la sociedad promulgando leyes que imponen penas mucho mayores a una infracción cometida online a una similar cometida en el mundo real. No han dudado a la hora de imponer leyes de retención de datos kafkianas que amenazan nuestra libertad y nuestra privacidad. En países como China, Internet es directamente una de las peores amenazas imaginables y el gobierno de ese país no ha dudado ni un segundo a la hora de oscurecer parte de la Red para que nadie ose respirar libertad donde no la hay. Internet, insisto, es peligroso.

Así que yo propongo llevar este movimiento mucho más allá. Pidamos la reducción al 7% al gobierno español, y pidámosla a la Unión Europea. Llevemos esta reivindicación al Parlamento Europeo, a la Comisión Europea. Pero vayamos más allá. En Estados Unidos se impuso hace años una moratoria sobre la tributación de todos los productos consumidos online, así como del acceso. Si compras un libro en cualquier tienda online desde un Estado distinto a aquél en el que te encuentres, no pagas impuestos. Si compras desde el extranjero, tampoco. Cada vez que compramos en una tienda americana nos ahorramos entre un 6% y un 10% del precio del producto porque el gobierno americano decidió, por alguna extraña razón, comprender la Red. Pues bien, pidamos lo mismo, como ha apuntado Montse Doval. El no ya lo tenemos. Que el acceso esté libre de impuestos. Que las transacciones internacionales estén libres de impuestos. Que los productos consumidos online estén libres de impuestos. Que la Unión Europea, que tanto se empeña con iniciativas estúpidas en plantar cara al gigante americano, demuestre que más allá de la torpe burocracia elefantiásica y poco efectiva de Bruselas hay sensibilidad suficiente como para darse cuenta de que el desarrollo de la Red es mucho más crucial que cualquier otra cosa, lo suficiente como para hacer una excepción de esta magnitud. Que el acceso de los ciudadanos europeos a la información y el conocimiento es una de las mejores apuestas que podemos hacer para mejorar el futuro de nuestro continente, y que el desarrollo del comercio electrónico y los productos digitales abre oportunidades hasta ahora inimaginables en el mundo de los negocios. El mercado de la música, sin ir mas lejos, se beneficiaría infinitamente de una medida como esa. Dejarían de criminalizar a sus consumidores y se dedicarían a enterrar los formatos físicos para dar prioridad a la venta digital por Internet privándonos, eso sí, de las acrobacias intelectuales, dignas de chimpancés con esteroides, de los representantes de ciertas entidades de gestión de derechos.

Internet dejaría de ser un servicio de segunda en Europa, se acabaría con la brecha digital de muchos ciudadanos, la economía en la Red crecería, se transmitiría el mensaje a los consumidores de que la Red es tan importante que los gobiernos están dispuestos a hacer sacrificios para que la utilicemos y crecería, de manera natural, el contenido creado por los europeos.

Los internautas hemos exigido históricamente muy mal el desarrollo de la Sociedad de la Información. No hemos sabido educar a nuestros gobiernos y gobernantes en sus ventajas. Nos hemos enfrentado al poder con instrumentos tradicionales y nunca hemos transmitido a los políticos la importancia y lo crucial de aprovechar esta oportunidad ya. Y los políticos nunca nos han tomado en serio. El único hecho relevante del actual gobierno relacionado con la Red fue confundir una página web antigubernamental con un equipo de cómicos de una cadena de radio. Como para tirar cohetes...

En definitiva, si alguien quiere reivindicar algo, adelante. Pero dejemos de pelear batallas mientras perdemos la guerra. Empecemos a transmitir que Internet no es un invento de segunda. Es de primera, está por encima de lo que pidan los poderes fácticos, es el mundo real, nos importa como ciudadanos, cuesta votos y no se compra. A ver si así empezamos a hacernos valer y los internautas dejamos de ser los primos pobres de la televisión y otros medios, viejas glorias de siglos pasados.

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