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Networking virtual

Si nos paramos a pensar, casi todo en Internet son relaciones personales. Nos relacionamos cuando enviamos correos electrónicos, abrimos un chat, intervenimos en un foro o utilizamos la mensajería instantánea

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Quienes entramos en este mundo virtual cual pioneros allá por mediados de la década de los noventa hemos visto radicales cambios en todas las esferas del ciberespacio. Una de las cosas que, como internauta de primera hornada, peor soportaba era el gran número de etiquetas que tuvimos que soportar durante mucho tiempo. Y una de las peores y más recurrentes que tuvimos que sufrir fue que los internautas éramos seres asociales y autistas que, refugiados en el anonimato que nos proporcionaba un rudimentario módem, navegábamos en soledad en busca de los más pervertidos y depravados vicios disponibles en el ciberespacio.
 
Obviamente, nada más lejos de la realidad, como los hechos se han encargado de demostrar. En los últimos días he leído con un cierto sabor a revancha el libro "Dos Grados, cultiva tu red virtual de contactos", lectura muy recomendable para quien quiera comprender, tanto el mundo del networking en sí (tan incomprendido a la par que esencial para cualquier profesional que se precie), como las cualidades que permiten que el ciberespacio, lejos de aislarnos, nos acerque y sirva de puente para nuestras relaciones personales. El libro está escrito por Sonia Fernández, una de las más brillantes directivas del panorama del e-business español, directora general de Match.com en España y excelente persona y escritora. En sus páginas ha sabido condensar de manera práctica, concisa y muy acertada la importancia del networking y cómo ser internauta activo conduce irremediablemente a ampliar el círculo de contactos y la calidad de nuestras relaciones personales.
 
Si nos paramos a pensar, casi todo en Internet son relaciones personales. Nos relacionamos cuando enviamos correos electrónicos, abrimos un chat, intervenimos en un foro o utilizamos la mensajería instantánea. Nos relacionamos desde nuestro weblog con una microaudiencia de seguidores que discuten y completan nuestras ideas. También cuando montamos una página web, escribimos en una o participamos en una comunidad del tipo que sea. Enriquecemos nuestras relaciones a través de las comunidades, listas de correo o foros especializados que nos permiten entablar relación con ciudadanos de todo el mundo. Si nos vamos a servicios especializados podemos buscar relaciones sentimentales o de amistad desde servicios como el mencionado Match.com u otros como Meetic.com o Amigos.com. Debo reconocer, por ejemplo, que desde que escribo para Libertad Digital he entablado nuevas relaciones o retomado contacto con viejos amigos.
 
Si nos vamos a lo que propiamente son redes sociales, Internet ofrece una plétora de opciones para abrir nuestro abanico de contactos profesionales o personales: Orkut, Friendster, LinkedIn, ZeroDegrees, Ryze, o eConozco (en España) son servicios mayoritariamente gratuitos que cuentan con millones de usuarios y que permiten, a través de nuestros conocidos, establecer nuevas relaciones de cualquier tipo con personas de todo el mundo utilizando esos sencillos "dos grados" de separación que amplían nuestro abanico social. Precisamente en el mencionado libro se analizan al detalle estas comunidades y se recomiendan las de mayor alcance.
 
Así que lo difícil en Internet es ser autista o asocial. Y lo fácil es, con poco esfuerzo, conocer a nuevas personas, que es siempre enriquecedor ya que a través de nuestras relaciones moldeamos nuestras vidas, a veces inadvertidamente. El énfasis de "Dos Grados" está en que el networking, siempre que sea espontáneo, generoso y no interesado, es una fuente interminable de beneficios personales y profesionales que va mucho más allá de la caracterización superficial del networker como un ser interesado, retorcido o que exprime sus contactos hasta la náusea. Haberlos haylos, su imagen no es buena y su futuro efímero, pero la realidad que debemos explorar es la contraria.
 
Sólo nos queda echarnos a la calle –virtual o real– a cultivar y enriquecer nuestras relaciones personales. Yo de momento, y tras leer el libro –cuya lectura recomiendo a todo lector, iniciado o no en el mundo de Internet– he decidido abrir varias de esas cuentas gratuitas (o revisitar algunas que ya tenía) y estimular a mi red de contactos para intentar descubrir qué me estoy perdiendo. Me temo que va a ser todavía más interesante que lo fuera empezar a navegar en el 96.
 
Eduardo Pedreño es director de DiarioRed.com

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