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Nuevo periodismo, viejos argumentos

Según Murdoch, el poder se desplaza del editor o del redactor jefe al ciudadano que maneja su weblog y comenta la noticia en tiempo real, a la inteligencia colectiva de millones de voces unidas en una conversación.

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Hace años, antes del estallido de la burbuja puntocom, hablaba en mis artículos de "nuevo periodismo", probablemente presa de la euforia de una Internet que prometía revoluciones que ahora se concretan. Hoy no hablo de nuevo periodismo, pero sí de novedades en el periodismo (y muchas), de nuevas formas de hacer periodismo (y muchas), de nuevos estilos, nuevos formatos y nuevos modelos de negocio. Tal vez no sea nuevo periodismo, pero se parece bastante. Frente a esta realidad están los argumentos que llevo 8 años escuchando, curiosamente siempre en boca de los mismos, en contra de la renovación del periodismo y la reivindicación de un periodismo de élites contra el que los nuevos fenómenos no tienen nada que hacer. Lo que no deja de tener su gracia.

Ruper Murdoch, el gran magnate de los medios, afirmaba no hace mucho que Internet terminará con los viejos imperios mediáticos. Afirmación atrevida para alguien que encarna esos viejos imperios. Según Murdoch, el poder se desplaza del editor o del redactor jefe al ciudadano que maneja su weblog y comenta la noticia en tiempo real, a la inteligencia colectiva de millones de voces unidas en una conversación. El Presidente de los Estados Unidos, George Bush, recomienda la lectura de los blogs como contrapeso mediático a los grandes medios americanos. Llamativo, teniendo en cuenta que gran parte de la blogosfera americana también critica al presidente. Pero lo que está cuestionándose es el papel de los grandes medios, no el de los pequeños. La crisis del viejo modelo ha ocurrido sola, y ha bastado que apareciera un fenómeno como el de los blogs, las publicaciones digitales y el llamado periodismo ciudadano para que ese modelo empiece a cuestionarse en las más altas esferas, como prueban estos dos ejemplos. La cuestión es sí los viejos medios sabrán adaptarse a los cambios.

En los últimos 10 años he oído todo tipo de argumentos relacionados con la Red. Primero era un invento minoritario que no servía para casi nada. Luego un refugio de pervertidos. Luego el paraíso soñado del capital rentable. A partir del 2000, un sitio de especulación, engaño y burbujas. Desde 2004 parece que la Red gana enteros y está para quedarse. Con el periodismo digital ha sido parecido, pero siempre me he encontrado a los escépticos que pensaban que el periodismo tradicional estaba al margen de todos estos cambios. Hasta hace poco así ha sido. Ya no más. En 1997, cuando empecé a dirigir una publicación digital llamada Las Noticias [en la Red] (hoy DiarioRed.com) junto a un puñado de amigos amateurs éramos la avanzadilla de un pequeño movimiento de internautas activos. Teníamos que programar, los conocimientos técnicos eran imprescindibles y las fuentes de información, limitadas. Muchos nos negaban la condición de periodistas. Un par de años más tarde florecieron las primeras publicaciones comerciales, siguiendo un modelo estrictamente tradicional. Casi todas fracasaron con la crisis puntocom. Y en 2001 empezaron a popularizarse los blogs de la mano de Blogger (hoy propiedad de Google), que facilitaba enormemente la publicación de información en una página sencilla y fácil de diseñar. En 2006 el modelo ha evolucionado al extremo de que hay cientos de herramientas relacionadas con los blogs, 31,5 millones de blogs en todo el mundo, y ya se habla abiertamente de periodismo ciudadano, nanopublicaciones o micromedios como un fenómeno que incluso muchos medios tradicionales incorporan a sus redacciones.

Las reacciones no se hacen esperar. Los periodistas jurásicos apelan a los conceptos del periodismo tradicional: ¿Credibilidad? ¿Credenciales? ¿Calidad? Puede, pero sobre todo influencia, poder, y un aire de élite o aristocracia que no deja de ser el carnet de periodista de toda la vida, el periodista de raza y conceptos tan discutibles como el del pedigree profesional. Porque el blogger también puede tener credibilidad, puede ganarse las credenciales o puede alcanzar una calidad envidiable. Y en cuanto a la influencia, se gana o se pierde con enorme facilidad y es un reto permanente del blogger periodista granjearse la confianza (porque es sobre todo eso) de su público, frente al poder del medio de masas que aspira a controlar nuestro nivel de atención en un mundo (el suyo) de fuentes limitadas. En Internet las fuentes son ya ilimitadas.

Reconozco que yo a día de hoy yo apenas leo periódicos. Soy de esa pequeña minoría de individuos que lee blogs. Que se informa a través de los blogs. Salvo las visitas de rigor a El Mundo o Libertad Digital, mi mundo son los blogs. De todos los sabores: colaborativos, promocionales, democráticos, ciudadanos, individuales. No me importa si son periodismo o no (muchos no lo son, otros sí). Yo me informo así. Tal vez esté cayendo en una incultura manifiesta por no prestar atención a lo que los referentes informativos dicen, esa élite de ciudadanos que tienen un acceso privilegiado a la información y medios para informar mejor. Pero no me importa. Creo que salgo ganando. Y también creo que quien lea medios tradicionales y enriquezca su lectura con los blogs también saldrá ganando, y mucho.


Así que frente a los viejos argumentos de siempre están los hechos. Yo tengo mi weblog, DiarioIP , donde comento la actualidad. ¿Hago periodismo? A veces. Otras veces me limito a decir lo que me viene a la cabeza. Escribo en esta publicación (que entiende a la perfección este fenómeno, por cierto), donde mi función es de periodista/opinador. Y acabo de lanzar Neodiario.Net , un medio democrático donde son los lectores quienes votan las historias más interesantes (que previamente han publicado ellos mismos). Tal vez no haya nuevo periodismo, pero hay rupturismo, hay nuevas realidades, y existe la imperiosa necesidad de que los viejos medios se adapten a esas realidades, por su propio bien. 31,5 millones de blogs, el New York Times o Rupert Murdoch (que posee la empresa que mayor número de blogs aloja, Myspace) pueden estar equivocados, pero a cualquier periodista el instinto debería de decirle que esos indicios demuestran que las cosas están cambiando. Tal vez no tanto como para afirmar que hay un "nuevo periodismo". Pero desde luego sí para decir, sin ningún género de duda, que hay un "viejo periodismo", y que está condenado.

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