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SIMO sin lustre

el declive de ferias como SIMO no es ajeno al propio auge de Internet, feria permanente de información, y que deja algo anticuadas las razones y la importancia de las ferias

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La edición de SIMO de 2004 pasará sin pena ni gloria, al igual que lo han hecho las últimas ediciones de esta imprescindible cita de los profesionales de las nuevas tecnologías. Hay varias razones para este declive, ninguna por el demérito de la organización de la feria ni los expositores, sino a la situación del propio mundo de la tecnología y la sociedad del conocimiento.
 
En primer lugar, la feria se ha ido convirtiendo, de forma paulatina y natural, en una feria de tecnología de consumo más que una feria profesional. Los propios derroteros de la tecnología e Internet la han conducido en esa dirección irremediablemente, y al tiempo que eso es una buena noticia pues indica el grado de penetración de la sociedad de la información también ha vulgarizado hasta cierto punto la feria.
 
En segundo lugar, el declive de ferias como SIMO no es ajeno al propio auge de Internet, feria permanente de información, y que deja algo anticuadas las razones y la importancia de las ferias hasta entonces, hasta cierto punto basadas en la falta de información. En la Red, la información sobra.
 
Por otro lado, el sector de la tecnología ya no ofrece tantas novedades como solía, y tanto en el hardware como en el software existe un cierto cansancio de fórmulas que ya no resultan en innovación sino en más de lo mismo. La ventaja competitiva del PC y de las aplicaciones ofimáticas ya no es tal, sino que depende mucho de usos más elevados que hagamos de esa tecnología. El hardware y el software no avanzan a tanta velocidad como antes y no hay ninguna "killer application" que nos haga saltar de nuestras sillas.
 
Finalmente, las empresas que tienen la clave del futuro de la tecnología y la sociedad de la información no están en la feria. Por muchas razones. O son empresas cuya presencia en este tipo de ferias de consumo es completamente innecesaria, o bien, y sobre todo, son empresas extranjeras, a veces pequeñas, o tal vez comunidades de desarrolladores de software libre en cuyos desarrollos está la clave de nuestro futuro sin que nosotros lo sepamos. Las bocanadas de aire fresco en la sociedad de la información ya no vienen de los gigantes, sino de las empresas que han apostado por otros modelos de desarrollo. Y eso no hay SIMO que sea capaz de reflejarlo.
 
Eduardo Pedreño es editor de DiarioRed.com

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