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Hillary Clinton, la neocon

La senadora Clinton sugiere que el Estado pague por unos videos sobre el cuidado de los bebés que "podrían ser mostrados continuamente en los consultorios médicos, hospitales, oficinas de tránsito, o cualquier otro lugar donde la gente tenga que esperar"

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Cuando le pregunto a la gente cuáles son ahora los objetivos de Estados Unidos, la gente no tiene idea. No sabemos qué estamos tratando de lograr. Y yo pienso que en la vida o en un país, uno tiene que tener ciertos objetivos.

Senadora Hillary Clinton, MSNBC, 11 de mayo de 2007

La visión del mundo de la senadora Hillary Clinton es muy diferente a la de los próceres fundadores de EEUU. La idea de que la nación tenga "objetivos" era algo inconcebible para ellos, que consideraban que el propósito del Gobierno es proteger los derechos inalienables a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Ese énfasis en la primacía del individuo es la esencia del verdadero excepcionalismo estadounidense.

Los objetivos nacionales son un eufemismo para la concentración del poder político. El Viejo Mundo estaba repleto de naciones con objetivos, casi todos perjudiciales. No es que el concepto de objetivos nacionales sea antipatriótico, sino que no forma parte de la cultura estadounidense. Pero la senadora Clinton insiste en promover ese concepto, afirmando en un reciente discurso de campaña en New Hampshire que, en vez de una "sociedad de propietarios", ella preferiría una "sociedad de ‘todos estamos juntos en esto’". A menudo ella invoca la noción de que los estadounidenses quieren "ser parte de algo más grande que ellos mismos".

La senadora Clinton ha tenido un aliado extraño en esto. La otra fuerza política poderosa hoy en Estados Unidos que comparte esa frustración por la falta de objetivos nacionales es el neoconservadurismo. Los neoconservadores lo llaman "grandeza nacional". Teóricos como Bill Kristol y Robert Kagan definieron la voluntad del presidente George W. Bush de "involucrarse donde sea necesario alrededor del mundo", como "una parte esencial de la grandeza nacional".

Pero tal vez su exponente más claro es David Brooks, columnista del New York Times. Brooks se queja en un artículo de la revista Weekly Standard de que "los estadounidenses han descartado la búsqueda de la grandeza nacional en casi todos los casos". Y ¿cómo describiría él tal objetivo? "La ambición y la fuerza de voluntad individual son encauzados a la causa de la grandeza nacional. Y al lograr la grandeza nacional, los individuos son capaces de sumar sus pequeños intereses al gran proyecto nacional... A fin de cuentas, el objetivo estadounidense sólo puede encontrar su voz en Washington". La señora Clinton parece haber encontrado un alma gemela en Brooks, cuando no un compañero en su candidatura presidencial.

Pero hay más conexiones del neoconservadurismo con la senadora Clinton. Otra característica que ella comparte es la promiscuidad con la cual ambos grupos gustan en emplear el Gobierno federal, como si no existiesen límites a su poder. Por la gran influencia que tuvieron los neoconservadores en empujarnos a la guerra en Irak, a menudo no se nota hasta qué punto sus propuestas de política interna requieren de enérgicas medidas por parte del Gobierno central.

La toma del control de la educación por parte del Gobierno federal, conocida como la ley "Que Ningún Niño Se Quede Atrás", es un proyecto neoconservador. También lo fue la iniciativa basada en la fe que financió a organizaciones religiosas locales. Brooks hizo recientemente un llamamiento a los candidatos presidenciales a crear "una comisión de familias exitosas. Consigan que economistas, activistas religiosos y psicólogos se reúnan en un sitio para ver cómo el Gobierno puede reducir la tensión en familias con problemas". Sí, se trata del mismo Gobierno que tardó tres días en darse cuenta de que el huracán Katrina había ocasionado un problemilla en Nueva Orleáns.

Sin quedarse atrás, la senadora Clinton sugiere en su libro Se necesita todo una aldea (siendo la aldea el Gobierno federal) que el Estado central pague por la edición de videos sobre el cuidado de los bebés que "podrían ser mostrados continuamente en los consultorios médicos, clínicas, hospitales, oficinas de tránsito, o cualquier otro lugar donde la gente tenga que esperar". ¿No les recuerda eso un poco a 1984?

El Estado expansivo siempre será un proyecto para quienes están dispuestos a subyugar a los individuos para lograr fines colectivos. Los próceres fundadores vieron ese peligro, razón por la cual nos dieron una Constitución de poderes claramente enumerados y, por lo tanto, limitados. Thomas Jefferson lo describió así: "Considero las bases de la constitución, como se indica aquí, que ‘todos los poderes no delegados a los Estados Unidos por la Constitución, ni prohibidos por ella a los estados, están reservados a los estados o las personas’. Dar un solo pasó más allá de los límites especialmente establecidos a los poderes del Congreso es tomar posesión de un campo ilimitado de poder que no sería ya susceptible a definición alguna."

La senadora Clinton parece estar en peligro de seguir el mismo fatídico camino de los neoconservadores, siendo su objetivo tomar posesión de ese ilimitado campo de poder.

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