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Emilio Campmany

7 puntos no es nada

El castigo a su obstinación por esperar ser presidente como quien espera la caída de la breva madura, será el ver cómo un pierna como Freddy se la afana justo cuando está a punto de caer.

Emilio Campmany
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Si para Carlos Gardel veinte años no es nada, para Freddy siete puntos es menos que nada. Se me dirá que nuestro Rubalcaba no tiene nada que ver con el gran Gardel, pero podría muy bien ocurrir que quienes tengan que lamentar en marzo de 2012 que fue "por una cabeza de un noble potrillo que justo en la raya afloja al llegar" sean los electores de Mariano Rajoy, obligados a invertir toda la tela que poseen en ese potrillo al que gusta aflojar al final. Si así fuera, quedarían todos como giles y el pobre Mariano como un cándido otario, similar a tantos otros que aparecen en las letras de los tangos.

Para el PSOE de marxismo esmirriado y trinque en montonera que inventara Felipe González durante los años de la Santa Transición, con vocación de no soltar la manija una vez agarrada, jamás estar a siete puntos a un año vista fue un problema. Si encima es Alfredito Rubalcaba el que ha de tocar el bandoneón, será pan comido. La única posibilidad que tiene Rajoy es que quien se ponga a la cabeza de la junta sea la pebeta catalana, tan joven y tan catalanista, que es pura carne de oposición, al menos hasta 2016. Pero, compadre, con Rubalcaba no se juega, ése timbea para ganar. No hay trampa, truco, tongo o camelo que no se conozca y que no esté dispuesto a emplear para luego poder cantar Volver, aunque seacon la frente marchita y las sienes bien plateadas por el tiempo. Le veremos entonces en todo lo suyo, repartiendo cargos, prebendas, brevas y mamandurrias como un cogotudo forrado.

Así que, si es finalmente Freddy quien se pone al frente de la barra socialista, bien porque lograra embaucar a la Chacón para que consintiera ser su número dos, bien porque fuera capaz de alzarse en las primarias, ya puede Rajoy irse despidiendo. Para que sepa lo que va a ocurrir, sus maltratados votantes podrían irle cantando Yira yira, poniendo especial énfasis en la estrofa esa que dice "Cuando estén secas las pilas de todos los timbres que vos apretás". El castigo a su obstinación por esperar ser presidente como quien espera la caída de la breva madura, será el ver cómo un pierna como Freddy se la afana justo cuando está a punto de caer.

Y esta pobre derecha obligada a elegir entre los que la difaman y los que la desprecian elevará su lamento: "Cuando te dejen tirao/después de cinchar/lo mismo que a mí./Cuando manyés que a tu lado/se prueban la ropa/que vas a dejar.../Te acordarás de este otario/que un día, cansado,/se puso a ladrar". Lo peor de todo será que quien se esté probando la ropa que Rajoy irá a dejar será Gallardón y entonces llegaremos a 2016 teniendo que elegir entre Freddy y Albertito. Como ven, por mala que sea, toda situación es susceptible de empeorar. Suerte grela.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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