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Emilio Campmany

A cuál peor

Antes de plantearse el dilema de colaborar o no con Sánchez, los partidos de del centro-derecha deberían exigir un mínimo común obvio: que los comunistas dejen de sentarse en el Consejo de Ministros.

Emilio Campmany
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Antes de plantearse el dilema de colaborar o no con Sánchez, los partidos de del centro-derecha deberían exigir un mínimo común obvio: que los comunistas dejen de sentarse en el Consejo de Ministros.
Pablo Casado, en el Congreso de los Diputados | David Mudarra.

Colaborar o no colaborar, éste es el dilema hamletiano que se le plantea a la oposición. El Consejo de Investigaciones Sociológicas ha preguntado qué opinan al respecto los ciudadanos y un 87 por ciento de los entrevistados considera que "ahora hay que apoyar al Gobierno y dejar las críticas para otro momento". Tan sólo un diez por ciento opina que "la oposición debe continuar haciendo todas las críticas que considere oportunas". Si, en vez de esta alternativa, Tezanos hubiera ofrecido elegir entre "el Gobierno debe continuar haciendo lo que le parezca con independencia de lo que opine la oposición" y "el Gobierno ha de contar con la oposición y decidir conjuntamente con ella qué hacer", habría ganado de calle la segunda. Es tan burda la manipulación que no merece mayor comentario.

Sin embargo, es evidente que a una mayoría de españoles le gustaría que Gobierno y oposición colaboraran. Ante tal evidencia, cada uno de los tres partidos del centro-derecha, para su vergüenza, ha reaccionado en base a consideraciones puramente electorales. Ciudadanos, por conservar su aura de partido moderado, se ha avenido a colaborar con el PSOE y los comunistas porque piensa que así puede arañar votos de los más moderados electores del PP que crean que, como dice la encuesta, en una situación así hay que apoyar al Gobierno. Vox se niega a cualquier colaboración porque alega que va a ser en todo caso engañado o arrastrado a una trampa y de esa manera atraer a los votantes del PP que les gustaría que Casado fuera más firme. Y el PP se mueve entre las dos orillas, tratando de no perder votos por ninguno de los dos lados.

Ésta no es manera de afrontar la situación. Antes de plantearse el dilema de colaborar o no con Sánchez, deberían los tres partidos haber acordado exigir un mínimo común obvio: que los comunistas dejen de sentarse en el Consejo de Ministros. ¿Quiere Sánchez colaboración? La tendrá, pero cuando el Gobierno sea el del PSOE a secas y con un ministro de Sanidad que ofrezca garantía de seriedad. No tiene sentido que un Gobierno de coalición, cuyo fundamento es estar respaldado por una mayoría suficiente, pida la colaboración de la oposición porque ya no tiene esa mayoría gracias a que los nacionalistas no quieren ser corresponsables de la desastrosa gestión gubernamental. Como tampoco lo tiene que la oposición colabore sin exigir la previa defenestración de Iglesias e Illa o se niegue a hacerlo sin dar a Sánchez la oportunidad de quitarse a los comunistas de encima y rodearse de gente solvente.

Ni con casi veinte mil muertos son capaces estos fifiriches de tres al cuarto, e incluyo a todos, aunque unos sean peores que otros, de pensar en otra cosa que no sean las consecuencias electorales de sus actos. Así nos va.

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