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Emilio Campmany

Bipartito

CiU hará lo que el PSC quiera que haga, normalmente sostener al presidente y, eventualmente, ayudar a hacerle caer si a los del PSC les interesa, cosa que podría ocurrir cuando creyeran poder colocar a uno de los suyos, Carme Chacón, por ejemplo.

Emilio Campmany
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Qué poco ha durado el sueño de Alicia Sánchez-Camacho. Nada más llegar el momento de la investidura, su fantasía de verse necesaria para que Mas gobierne le ha sido explotada por el PSC de un soplido seco como si fuera una pompa de jabón. ¿De verdad se había creído aquella milonga que nos vendieron algunos medios de que las elecciones catalanas habían significado un giro a la derecha? Pamplinas. En Cataluña, como en el País Vasco, los electores no están divididos por una línea que separa a los de izquierdas de los de derechas. La línea que allí importa es la que divide a los nacionalistas de los constitucionalistas o, mejor dicho, a los independentistas de los unionistas. No niego que haya electores que votan al PSC creyendo que votan a la rama catalana de un partido español, ni que haya votantes que se deciden por CiU creyendo que no hacen otra cosa que elegir a una coalición de conservadores y democristianos, pero se equivocan.

Los primeros votan a un partido independentista, más o menos socialista, pero independentista, que se mantiene integrado en el PSOE porque supone que eso le permite influir en la política del "Estado español". Los segundos lo hacen por un partido más sinceramente independentista, que prefiere no estar integrado en la derecha española porque cree que esa independencia le permitirá ser más eficaz a la hora de lograr la de Cataluña entera.

Obviamente, CiU y PSC han llegado a alguna clase de acuerdo para que los 28 socialistas se abstengan y pueda ser investido don Artur. Luego veremos cuál. Pero el caso es que entre los dos partidos no puede haber tanta distancia ideológica cuando a uno le es tan fácil abstenerse en la investidura del candidato del otro. Y es que ambos son independentistas. Quizá la diferencia estribe en las diferentes tácticas y tiempos que crean deben emplearse para lograr su objetivo, pero los dos quieren una Cataluña separada de España.

Ahora, como dije, algo han pactado. Naturalmente, no ha sido el PSOE quien ha firmado, sino el PSC. Y los intereses de éste no tienen por qué coincidir con los aquél o, mejor dicho, con los de sus dirigentes actuales.

Pero, ¿qué ha ofrecido CiU a cambio de la investidura? Pueden ser muchas cosas, desde un prosaico compromiso de no mirar debajo de las alfombras de las consejerías que han sido gobernadas por los socialistas hasta limitar el impacto de los recortes presupuestarios que inevitablemente tendrá que hacer la Generalidad. Sin embargo, no sé por qué me da en la nariz que lo tratado ha sido la actitud de CiU en Madrid respecto a Zapatero. Así que CiU hará lo que el PSC quiera que haga, normalmente sostener al presidente y, eventualmente, ayudar a hacerle caer si a los del PSC les interesa, cosa que podría ocurrir cuando creyeran poder colocar a uno de los suyos, Carme Chacón, por ejemplo, al frente del Gobierno y del partido.

En el PSOE están a navajazos y la facción del PSC ya cuenta con un aliado externo que le ayude en la guerra que puede desatarse en el seno del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso si surge la necesidad o la oportunidad de hacerlo. Y Mas estará encantado de ayudar a colocar a una independentista, por muy socialista que sea, al frente del Gobierno de España. ¡Qué bonito es Badalona!

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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