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Emilio Campmany

China nos salvará

Pablo Iglesias nos enseñará que, si queremos ser tan eficientes y vigorosos como ellos, tenemos que ser también tan comunistas como ellos. Esto es lo que viene.

Emilio Campmany
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Pablo Iglesias nos enseñará que, si queremos ser tan eficientes y vigorosos como ellos, tenemos que ser también tan comunistas como ellos. Esto es lo que viene.
El dictador chino Xi Jinping | EFE

El enorme aparato de propaganda chino se ha puesto en marcha. En Italia se sienten, con razón, abandonados por la Unión Europea y agradecen la ayuda que les está brindando el país asiático, convenientemente amplificada por los medios de comunicación italianos. Aquí, Pedro Sánchez, primero, y Pablo Iglesias, después, saltándose la cuarentena ambos, elogian lo público y denigran lo privado explicando las carencias que nuestro sistema sanitario va desvelando por la excesiva privatización del mismo. China lleva dos días sin detectar nuevos casos, salvo los importados, los que corresponden a personas que vienen de fuera. El éxito transmite la idea de que lo ideal para combatir una pandemia como la que padecemos es disfrutar de un régimen comunista que pueda, como le habría gustado hacer a Pablo Iglesias, imponer las medidas más salvajes, necesarias o no, hasta erradicar el virus. Hasta qué punto los medios de comunicación españoles colaboran con la difusión de esta idea por ingenuidad o interés, no se sabe. Lo que se sabe es que se trata de una operación de propaganda que oculta varias verdades.

La primera y más importante es que el culpable de esta pandemia es el régimen chino. No hace falta acogerse a ninguna teoría de la conspiración para señalarlo. Era archisabido que los mercados de animales salvajes vivos chinos constituyen un peligro de epidemia gravísimo. Y el severísimo régimen comunista de la república popular, que todo lo controla por el bienestar de los ciudadanos, ha sido incapaz de cerrarlos. Cuando surgieron los primeros casos, el eficientísimo Partido Comunista tardó una eternidad en reaccionar y dedicó sus muchísimos recursos tan sólo a ocultar la verdad. Cuando ya no pudo esconder lo que pasaba, intervino de manera brutal, y sólo de esa forma ha conseguido atajar la epidemia, no sin antes dar lugar por su negligencia a que el virus se esparciera por todo el mundo.

La segunda es que no es necesaria la bestialidad comunista para combatir eficazmente el virus. Se pueden lograr resultados infinitamente mejores con inteligencia capitalista, como ha demostrado Corea del Sur, que, habiendo sido mucho más capaz que China, no se dedica a pagar artículos en Occidente en los que se diga lo listos que son. Hace días que este país ha demostrado lo valioso que puede ser realizar test masivos. Ese es por ahora el mejor camino, y lo increíble es lo mucho que han tardado los italianos y los españoles en darse cuenta. Sin embargo, esa tardanza no es consecuencia de no estar bendecidos con sendos regímenes comunistas, sino de estar gobernados por incompetentes que, encima en nuestro caso, son eso, socialistas y comunistas.

China quiere aprovechar esta calamidad para arrebatar el liderazgo global a Estados Unidos. Será el país comunista el que nos fabrique las medicinas más enérgicas para combatir el virus. Descubrirá antes que nadie la vacuna y la distribuirá por todo el mundo en tiempo récord. Comprará nuestros activos e invertirá en nuestros países para rescatar nuestras economías. En definitiva, nos salvará. Y Pablo Iglesias nos enseñará que, si queremos ser tan eficientes y vigorosos como ellos, tenemos que ser también tan comunistas como ellos. Esto es lo que viene.

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