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Emilio Campmany

El caso Ghali

La pregunta no es si hubo delito, que manifiestamente lo hubo, sino quién lo cometió.

Emilio Campmany
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La pregunta no es si hubo delito, que manifiestamente lo hubo, sino quién lo cometió.
Pedro Sánchez, durante su discurso en la sede de la ONU. | EFE

En la entrada ilegal en España de Ibrahim Ghali, sin pasar el control de pasaportes y con documentación falsa con el fin de sustraerlo a la acción de la Justicia, la pregunta no es si hubo delito, que manifiestamente lo hubo, sino quién lo cometió. En principio, todo apunta a la exministra de Exteriores, Arantxa González Laya, que no podrá negar que dio la orden de que dejaran entrar del modo que lo hizo al dirigente revolucionario. Entonces, todo se reduce a si la recién destituida asumirá la culpa o denunciará que obró por orden de un tercero, que no puede ser otro que el presidente del Gobierno. Lo más probable es que sea ella la que cargue con el mochuelo a cambio de alguna prebenda. Todo muy previsible. Y, sin embargo, hay gato encerrado.

Para empezar, a González Laya se la destituyó para que perdiera el aforamiento y el caso no ascendiera al Supremo cuando fuera investigada. ¿Qué teme Sánchez del alto tribunal? Luego, el presidente mostró un excesivo nerviosismo cuando dijo que todo se hizo conforme a la legalidad, aunque es evidente lo contrario. Tanto cinismo resulta excesivo incluso para un hipócrita como Sánchez. Y finalmente está El País, que suele defender a Sánchez con argumentos inteligentes, basados en un realismo cuya inmoralidad impide que sean empleados por el Gobierno, pero que conforman a sus lectores. Por ejemplo, cuando las revueltas en Cuba, justificó la tibia actitud del Gobierno con los intereses de algunos hoteleros españoles en la isla. Esta vez podía haber recordado la necesidad que tenemos de llevarnos bien con Argelia, nuestro mayor proveedor de gas, para justificar la entrada de Ghali. En vez de eso, dice que el Gobierno no tenía más remedio que permitir su entrada porque es ciudadano español. ¿Por qué un argumento tan tonto? Nadie se ha quejado de que entrara, sino del modo en que lo hizo. Cientos de españoles vuelven a España a diario desde fuera del espacio Schengen y todos pasan el control de pasaportes. Y, si tienen una causa abierta en la Audiencia Nacional, son detenidos y puestos a disposición judicial. Ésa es la cuestión, no si es o deja de ser ciudadano español y si el Gobierno tenía que permitirle o no la entrada. Claro que tenía que hacerlo, pero para, a renglón seguido, detenerlo por intentar hacerlo con documentación falsa y llevarlo ante el juez por las causas que tiene en España. El argumento del periódico está tan falto de rigor que sugiere que es mucha la intranquilidad que hay. ¿Será que el presidente no está tan blindado como parece?

Otra cuestión interesante será ver qué pasa con el juez Pedraz, rutilante nueva estrella de Instagram, que llegó a citar al investigado y se negó a tomar medidas cautelares contra él por considerar que no había riesgo de fuga cuando, como inmediatamente se demostró, ese riesgo era palmario, evidente y obvio. Bonito asunto.

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