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Emilio Campmany

El CGPJ como prueba de tornasol

El PP no puede pactar. Si lo hiciera, sería la enésima prueba de debilidad de su cúpula actual.

Emilio Campmany
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El PP no puede pactar. Si lo hiciera, sería la enésima prueba de debilidad de su cúpula actual.
Cordon Press

La renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) es prueba de tornasol de la estrategia de los dos partidos que la tienen que pactar. La cuestión esencial es la inclusión o no de vocales propuestos por Podemos. Pedro Sánchez podría estar pensando, como sugería Luis Herrero en estas mismas páginas el lunes pasado, empezar a distanciarse del partido morado con el fin de convocar elecciones a medio plazo al aventar que se trata de un momento relativamente propicio. Es evidente que, si el PSOE quiere un incremento notable de votos en esas elecciones, necesita presentarse con un aura de moderación que sólo tendrá tras pelearse ruidosamente con Podemos. Una manera de empezar a partir peras sería aceptar el veto a los vocales de Podemos que el PP le exige para la renovación del CGPJ. Es verdad que esto significaría renunciar a agotar la legislatura y a disfrutar del poder durante el tiempo que pudiera durar, pero a cambio los socialistas podrían garantizarse una nueva con más escaños y por lo tanto con más poder. 

Lo que haga el PP también será revelador. Casado se ha negado a renovar el Consejo alegando que no está dispuesto a consentir que el órgano de gobierno de los jueces tenga vocales designados por los comunistas. Si el PSOE termina por aceptar el veto, por razones electorales, el PP no tendrá otro remedio que pactar la renovación so pena de quedarse sin pretexto para seguir bloqueando la renovación. Pero si, como ha sugerido Ábalos, el PSOE sigue insistiendo en que tiene que haber vocales de Podemos, y es muy probable que al menos en principio esa siga siendo la posición de los socialistas, ya que Iglesias y su gente no han hecho pública ninguna protesta al respecto, el PP no puede pactar. Si lo hiciera, sería la enésima prueba de debilidad de su actual cúpula, incapaz de atenerse a los principios en busca de una falsa moderación que sólo le reconocerían, y por poco tiempo, los que nunca le votarán. 

De manera que, según lo que resulte, se podrán alcanzar importantes conclusiones. Si se pacta la renovación y hay vocales de Podemos, querrá decir que el PP está en plena desintegración y perderá el voto de sus últimos leales, quedándose tan sólo con los que le siguen apoyando por mera inercia. Si se renueva sin vocales de Podemos, significará que el PSOE está listo para ir escenificando la ruptura con Iglesias e ir a elecciones anticipadas este otoño, o quizá la primavera siguiente. Si no hay renovación, significará que el PP, dentro de su atolondramiento, conserva algo de consideración hacia sus ideas y que PSOE y Podemos siguen tan unidos como siempre y se proponen agotar la legislatura. Pocas veces un acontecimiento tan concreto ha proporcionado tantas claves para poder pronosticar con tanta seguridad el futuro inmediato. 

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