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Emilio Campmany

El veredicto de la historia

Yo no sé si Zapatero podrá o no mirar a los ojos de su padre, de sus hijas o de quien sea. A mí, que me lo quiten de la vista, que no respondo. Y que diga misa la historia.

Emilio Campmany
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Es típico de los dictadores apelar al juicio de la historia. En ellos, que nunca se sometieron a la consideración de sus contemporáneos en las urnas, no les queda otra que remitirse a los futuros historiadores. En cambio, en las democracias, mira que suena pretencioso oír hablar a los políticos de cómo les juzgará la historia. Tampoco la cosa mejora cuando son los periodistas aduladores quienes se dedican a hacer sugerencias a la historiografía venidera. Menudo empacho nos hemos cogido a cuenta del último debate del estado de la Nación de Zapatero. Fue el propio presidente quien empezó por remitirse al dictamen del mañana cuando defendió la negociación con ETA. Y eso fue como un toque de corneta para pelotas y profesionales del piropo que se han hartado estos días a proclamar lo mucho y bueno que dirá la historia de ZP.

Admitamos "pulpo" como animal de compañía y supongamos que, en efecto, Zapatero será descrito en los libros como un gran estadista. ¿Aliviará eso las penas de alguno de los cinco millones de parados? ¿Consolará la idea a alguno de los vascos que tenga que marcharse de su pueblo por serle insoportable la dictadura impuesta por Bildu? ¿Confortará la perspectiva a algún jubilado de los que vea su capacidad adquisitiva cada vez más mermada? Pues algunos habrá, pero, a la mayoría, les importará un higo lo que diga la historia de ZP.

Todos, políticos y periodistas, deberían tomar ejemplo de Churchill, quien, teniendo sobrados motivos para creer que sería valorado positivamente, se tomaba a chirigota el asunto diciendo que la historia lo trataría bien porque tenía la intención de escribirla. Como Zapatero apenas sabe escribir, tiene que confiarse a lo que escriban otros, que de momento serán los periodistas amigos.

Pero, como en España a todo hay quien gane, lo más sonrojante no lo ha dicho Zapatero ni ningún periodista solícito, ni siquiera un compañero de partido. Lo ha proclamado una diputada de Coalición Canaria. ¿Cuánto esperarán estos nacionalistas sacar durante estos últimos meses para dejar resbalar tanto halago viscoso desde la tribuna de oradores? La mujer empezó así: "Usted puede mirar a los ojos de los españoles, puede mirar a los ojos de su padre, que lo vimos ayer muy orgulloso de usted, y de sus hijas". Y luego vino lo de los momentos agarrados fuertemente. La verdad es que, a lo único que está agarrado el sujeto con fuerza, es a la poltrona.

Yo no sé si Zapatero podrá o no mirar a los ojos de su padre, de sus hijas o de quien sea. A mí, que me lo quiten de la vista, que no respondo. Y que diga misa la historia.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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