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Frentismo

La prensa de izquierdas tratará de convencer al electorado de que hay que elegir entre la derecha, que incluye a Ciudadanos, y la izquierda. Esa disyuntiva es falsa.

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EFE

El acuerdo en Andalucía anuncia un futuro frentista en las próximas elecciones generales. Por un lado estará el frente popular-nacionalista constituido por las fuerzas que apoyaron la moción de censura de Pedro Sánchez. Por el otro, los tres partidos que hoy se proponen descabalgar al PSOE del poder en Andalucía.

En el frente liderado por el PSOE no sólo hay izquierda. Hay también nacionalistas, muchos de ellos de derechas. Y el acuerdo básico al que todos han llegado es el de dinamitar España. Es verdad que el PSOE cree poder controlar la explosión y lograr que la cosa no pase de la transformación del Estado de las Autonomías en un régimen confederal más o menos asimétrico. Pero lo importante no es lo que espera conseguir, sino los riesgos de desintegración que está dispuesto a correr con tal de mantenerse en el poder. Los nacionalistas, por su parte, tan sólo quieren que el nuevo sistema les permita alcanzar la independencia unilateralmente. Podemos respalda este objetivo porque dice creer en la autodeterminación. En realidad, en lo que cree es en que, para alcanzar el poder, necesita que España padezca una crisis de proporciones gigantescas, y una manera segura de que la haya es dar cauce legal a las ambiciones nacionalistas.

En el otro frente, el que el PSOE llama despectivamente "las derechas", están los partidos que creen que la unidad de España es un bien irrenunciable. Porque eso que llaman "derechas" tiene, salvo Vox, muy poco de derecha. Ciudadanos ha defendido siempre políticas económicas de centro-izquierda. Y el PP, cuando gobernó, subió los impuestos más de lo que proponía Izquierda Unida. Tan solo Vox defiende una política económica genuinamente liberal.

Por estar el dilema planteado en estos términos es por lo que los barones del PSOE de los territorios donde no hay ningún sentimiento separatista están aterrados. El problema no es que no haya suficientes votantes de izquierdas en sus territorios. El problema es que los que hay no quieren que se utilicen sus votos para comprometer la unidad de España. Sin embargo, son esos mismos barones los que no han hecho ascos a aliarse con Podemos allí donde les ha convenido. Y no niegan su propósito de volver a hacerlo si la aritmética de los resultados lo permite. Y, sin embargo, Podemos es una fuerza comunista que defiende, apoya y respalda las exigencias nacionalistas. La única que entendió el problema fue Susana Díaz, cuando prefirió gobernar con Ciudadanos antes que con los anticapitalistas. Pero perdió en su enfrentamiento con Sánchez por la secretaría general y el PSOE hoy está completamente podemizado.

La prensa de izquierdas tratará de convencer al electorado de que hay que elegir entre la derecha, que incluye a Ciudadanos, y la izquierda. Esa disyuntiva es falsa. Lo que la deriva del PSOE ha provocado es que haya que elegir entre los separatistas y sus aliados, por un lado, y los partidos nacionales, por otro; entre los que quieren dinamitar España o están dispuestos a arriesgar una explosión más o menos controlada y los que la quieren mantener unida. Ésa es la elección importante. Una vez optado por uno de los frentes, no importa tanto a qué partido votar dentro de él.

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