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Emilio Campmany

La conexión venezolana

Hacía tiempo que el chavismo no estaba tan fuerte y eso es gracias, en gran medida, al PSOE.

Emilio Campmany
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Hacía tiempo que el chavismo no estaba tan fuerte y eso es gracias, en gran medida, al PSOE.
Pedro Sánchez y José Luis Ábalos. | EFE

Lo del PSOE con Venezuela echa un tufo que ya no hay incienso que lo disimule. Zapatero se constituyó en negociador aparente entre el chavismo y la oposición hasta revelarse que su propósito no era otro que evitar la caída de Maduro. El Gobierno de Sánchez impidió a la UE adoptar la posición de fuerza de Estados Unidos, evitando así que Juan Guaidó, reconocido a pesar de todo como legítimo presidente, pudiera consolidarse. Aunque Sánchez no tuvo otro remedio que reconocer a Guaidó, siguió teniendo como legítimo embajador de Venezuela al diplomático enviado por Maduro, dejando en papel mojado aquel reconocimiento. Sánchez consiguió asimismo que hicieran a Borrell alto representante de la diplomacia europea. Desde allí el catalán evitó que se impusiera la línea dura que defienden cada vez más Estados miembros. Promovió también el viejo socialista la participación de parte de la oposición, encabezada por Capriles, enemigo de Guaidó, en las elecciones legislativas convocadas por Maduro. El objetivo era darle la apariencia de libres, aunque era obvio que no lo serían. Si la jugada salió mal no fue porque Borrell no lo intentara, sino por la intransigencia de Maduro. No obstante, las legislativas se celebraron y, aunque nadie decente reconoció su limpieza, sirvieron para que Guaidó perdiera la presidencia de la Asamblea Nacional, el cargo que constitucionalmente le permitía ser presidente interino. De esa forma, Maduro consiguió, con la ayuda del PSOE, que Guaidó dejara de ser de facto y de iure el legítimo presidente de Venezuela. Hacía tiempo que el chavismo no estaba tan fuerte y eso es gracias, en gran medida, al PSOE.

¿Qué le deben los socialistas españoles a la dictadura venezolana? Se dice que a los socialistas les preocupan los muchos españoles que residen en Venezuela. No deja de ser una forma extravagante de preocuparse por alguien amparar la dictadura comunista bajo la que vive. Pero es que no puede ser cierto. Para proteger los intereses de los españoles no es necesario dar una subvención de más de cincuenta millones de euros a una empresa chavista. Ni es indispensable que la secretaria de Estado de Exteriores se humille desviando su avión hacia Caracas para apaciguar la ira del dictador, ofendido porque la ministra de Exteriores española visitó Colombia sin su permiso. Si España, país de la UE, estuviera de verdad siendo por comunión ideológica algo más tolerante con el chavismo de lo que lo son otros en Occidente, Maduro se desharía en almíbares con Sánchez. En cambio, no sólo no agradece la protección del PSOE, sino que se engarabita, imposta la voz y humilla sin cesar a nuestro Gobierno. También al propio Borrell, expulsando por ejemplo a la embajadora de la UE en Caracas. 

No, no es que Maduro sea un desagradecido. Si Sánchez, además de proteger al chavismo, lo sepulta en millones de nuestros impuestos, se arrodilla ante el matón y soporta sus insultos, no lo hace por mera solidaridad socialista. Tiene que ser porque los socialistas le deben mucho al chavismo. Y no sólo es el dinero que le dieron a Raúl Morodo.

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