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Emilio Campmany

La guerra de ZP

Lo más probable es que estemos haciendo lo correcto, pero convendría haberse asegurado antes de que nuestros F-18 fueran a defender los derechos humanos de los libios y no los intereses de Francia y Reino Unido.

Emilio Campmany
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Zapatero ha entrado en trance. Ahora que se ve obligado a tomar decisiones graves a diario, ha empezado a creerse de verdad que es presidente del Gobierno. Y de verse resolviendo con majestuosidad y sentido de Estado sobre asuntos tan serios como los de la energía nuclear y la intervención militar en Libia, le ha dado un vahído y ha sufrido un repente.

Vean si no cómo, ahora que habla en serio, resulta más campanudo y huero que nunca explicando por qué no en Irak y en Libia, sí: "Si no hubiera habido todo lo que sucedió con los acontecimientos de Irak, no estaríamos ante un hecho tan notable como es el que sólo porque ha habido una resolución de Naciones Unidas, del Consejo de Seguridad, conforme a la legalidad internacional, estamos aquí. Como un supuesto de hecho evidente, que no se producía en otras situaciones y quizá por eso no hubo una resolución del Consejo de Seguridad, que es lo que está pasando en Libia, que está a (sic.) los ojos de toda la Comunidad Internacional y de todos los ciudadanos" (la transcripción es mía, pero su fidelidad puede comprobarse aquí). Traduciré este caos: Aquí, con Libia, tenemos una resolución del Consejo de Seguridad. En Irak no la hubo y quizá fuera porque la situación de los ciudadanos iraquíes entonces no era tan mala como la de los libios ahora.

Desde el punto de vista de la ONU, la invasión de 2003 estuvo autorizada por las Resoluciones 1137 y 1441. Ambas (la última de noviembre de 2002) advertían a Saddam Hussein de no entorpecer las inspecciones de sus arsenales porque, de otro modo, tendría que hacer frente a "graves consecuencias", eufemismo que significa, en el lenguaje diplomático de la ONU, acciones militares. Saddam las entorpeció todo lo que pudo para hacer creer a Irán que tenía armas de destrucción masiva. Tanto se esforzó en el engaño que hasta los inspectores de la ONU se convencieron de que las poseía. Tony Blair se obstinó entonces en lograr una tercera resolución más explícita, que Rusia y China sin embargo vetaron. Esto hizo parecer que la invasión, implícitamente autorizada, estaba aparentemente vedada por esa legalidad internacional a la que con tanto engolamiento como ignorancia se refiere Zapatero.

Además, Zapatero habla de nuestra intervención en Libia como si estuviéramos obligados por la ONU. Nada de eso. La resolución autoriza a intervenir, pero no obliga. Si nada se nos ha perdido allí y son los derechos humanos lo que preocupa a ZP, ¿por qué despreció los de los kurdos y chiíes masacrados por Saddam? ¿Por qué no condena la intervención en la antigua Yugoslavia, que se hizo sin autorización del Consejo de Seguridad? ¿Por qué no promueve alguna iniciativa para defender los derechos de los rebeldes bareiníes, masacrados ahora por un ejército, el saudí, que encima es extranjero?

España debe apoyar una intervención en Libia si hay garantías de que está encaminada a facilitar una democratización del país. Ahora, el papel secundario que quieren jugar los Estados Unidos, el aparatoso protagonismo de Francia (tan renuente a intervenir en Irak) y el que la bandera de los rebeldes sea la del régimen que los ingleses impusieron en la vieja colonia italiana hace dudar del altruismo de las motivaciones de los dos viejos imperios coloniales británico y francés. Además, Rusia y China no se han opuesto y Alemania se ha mostrado reacia. Lo más probable es que estemos haciendo lo correcto, pero convendría haberse asegurado antes de que nuestros F-18 fueran a defender los derechos humanos de los libios y no los intereses de Francia y Reino Unido.

Emilio Campmany, jurista y analista político. Autor de Operación Chaplin (Algaida), Quién mató a Efialtes (Ciudadela) y Verano del 14 (Esteságoras).

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