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Rivera, consumido por los celos

Convertida Arrimadas en una amenaza para el liderazgo del veleta Albert, éste se ha impuesto la necesidad de cortar las alas de la aguerrida catalana de origen andaluz.

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Inés Arrimadas con Juan Marín | EFE

Aparentemente, es perfectamente legítimo que Albert Rivera pretenda llegar a un acuerdo con el PSOE para hacer presidente de Andalucía a su gris candidato, Juan Marín. Sin embargo, constituye una traición a sus votantes andaluces después de haberles pedido el voto para ese mismo aspirante anodino con el argumento básico de tener que desalojar a un PSOE que ha pactado con todos los que quieren destruir España. Tanto es así que quien llevó el peso de la campaña no fue Marín, tampoco Rivera, sino Inés Arrimadas, el símbolo de la resistencia al totalitario separatismo catalán, que es uno de los aliados del PSOE que con más ahínco persigue la destrucción de nuestra nación.

La jugada podría defenderse como un movimiento táctico dirigido a mejorar la posición negociadora de Ciudadanos con respecto a PP y VOX. Pero la benévola suposición queda desmentida tras saber que, una vez cerradas las urnas, Ciudadanos aceptó participar en la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, que es el instrumento a través del cual los separatistas controlan la sectaria TV3 y la intolerante Catalunya Ràdio.Los separatistas, que tendrán cuatro miembros, dos de Esquerra y otros dos de Puigdemont, seguirán controlando el aparato de propaganda, pues Ciudadanos sólo dispondrá de un miembro tras ceder al PSC el otro que le habían concedido magnánimamente los separatistas.

Esto lo hace quien hace unas semanas había tenido el buen tino de no participar en el reparto de sillones del Consejo General del Poder Judicial. Y a quien diga que no es lo mismo habrá que recordarle que los medios de comunicación encarnan el llamado Cuarto Poder, y su independencia es tan esencial como la de la Justicia para que haya una genuina democracia. En Cataluña, ese Cuarto Poder está muy lejos de ser independiente. Y Rivera no debería dejarse utilizar como la coartada que los independentistas necesitan para seguir intoxicando impunemente a los catalanes.

¿Por qué esta deriva? Rivera lo explicará a sus íntimos como le parezca. Sin embargo, hay un hecho inequívoco que ha tenido que influir de uno u otro modo. El triunfo de Ciudadanos en Andalucía no tiene nada que ver con las virtudes de su candidato, escasas y pobres. Tampoco trae causa del verbo a veces confuso de Rivera. Quien ha regalado a Ciudadanos el brutal ascenso experimentado ha sido Inés Arrimadas. Esta mujer, por si no hubieran bastado sus logros en Cataluña, demostró durante la campaña andaluza ser, desde todos los puntos de vista, una candidata nacional de mucho más fuste que su actual presidente. Convertida en una amenaza para el liderazgo del veleta Albert, éste se ha impuesto la necesidad de cortar las alas de la aguerrida catalana de origen andaluz. Y qué mejor, para hacerlo, que traicionar el mensaje que ella ha transmitido en Andalucía, propiciando allí un pacto con el PSOE y, en Cataluña, llegando a un acuerdo con los separatistas y aceptar las migajas que ellos quieran dejarle. Los celos nunca han sido buenos consejeros. Tampoco en política.

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