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Emilio Campmany

Tres tazas de moderación

A Casado, para llegar a la moderación de Pablo Iglesias, Rufián u Otegui, le falta todavía un buen trecho.

Emilio Campmany
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A Casado, para llegar a la moderación de Pablo Iglesias, Rufián u Otegui, le falta todavía un buen trecho.
Pablo Casado | EFE

Pablo Casado fulminó a Cayetana Álvarez de Toledo para ser digno del carnet de moderación que expide el PSOE de Sánchez. Y no sólo no le han dado el preciado documento, sino que su negativa a negociar la renovación del Consejo General del Poder Judicial y a arrimar el hombro en los Presupuestos ha sido castigada con una comisión que investigará las trapisondas del PP. Y es que a Casado, para llegar a la moderación de Pablo Iglesias, Rufián u Otegui, le falta todavía un buen trecho.

Casado debería haber aprendido de la moderación de Pablo Iglesias, furibundo defensor de la Constitución que, gracias a su virtuosa templanza, se va a ahorrar que le miren los calzoncillos con el atento escrutinio con el que van a darle un repaso a los de Casado y Rajoy. No es mal profesor de moderación el propio Gabriel Rufián, que, aunque le falta algún curso de doctorado, es un brillante licenciado en la materia, tal y como se aprecia cuando dice que el PP tendría que ser ilegalizado. Lecciones de moderación bien profundas las ha dado siempre Otegui, aunque las más aprovechables son las de gatillo y Parabellum. No obstante, el maestro zen de la moderación, el jedi de la mesura, el shaolín del comedimiento es el propio Sánchez. Para darse cuenta, no hay más que ver con qué medidas palabras alaba su intachable gestión de la pandemia; con qué cuidados adjetivos describe las políticas de sus ministros; con qué sobrios elogios lisonjea a terroristas, golpistas, comunistas y separatistas; con qué sabias advertencias comunica a sus adversarios las consecuencias de oponérsele; con qué sedosos silencios omite referirse a los muchos escándalos que sepultan al PSOE.

En comparación con estos adalides de la moderación, está claro que Casado, forjado con tics franquistas, nublada la mente por resabios fascistas, agriado el carácter con inclemente ultraconservadurismo, ennegrecido el intelecto con pestilente neoliberalismo, enturbiada el alma con reaccionario ultracatolicismo, no puede alcanzar, por mucho que reniegue de Cayetana, las cotas de moderación de sus adversarios de bancada. Éstos no pueden tenerle como un moderado de los suyos mientras no aprenda a amar los ideales de la izquierda. Es verdad que Casado los tiene en alta estima y que ya ha confesado que no quiere, ni mucho menos, cambiar esta sociedad nuestra bendecida con tanto socialismo. Pero no es suficiente. Tiene que ser más moderado. Y mientras aprende moderación, Kitchen al canto para que se dé cuenta que uno no se hace moderado de la noche a la mañana echando a una radical del partido y haciendo apostasía de las propias ideas. Hace falta más. Hay que aprender a amar las dictaduras, si son de izquierdas y por tanto bien intencionadas, al terrorismo, si es de izquierdas y por tanto de ideales universales, y al nacionalismo, si es de izquierdas y por tanto legítimo. ¿Quieres moderación? Toma tres tazas.

 

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