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Un universo de afectos

Lo que nos pasa en Cataluña con Mas, Duran i Lleida y sobre todo con Tardá se debe a la falta de afecto. Con afecto, lo resolveremos.

Emilio Campmany
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Durante la semana pasada, el PSOE le organizó un homenaje a Felipe González con ocasión del trigésimo aniversario de su primer Gobierno. Fue un emocionante día de intervenciones memorables. Zapatero fue, como es natural, el más brillante, al decir eso tan bonito de: "Necesitamos un partido que reclame, que mantenga los afectos". Como todo gran hombre, Zapatero ha dado con la categoría necesaria. Y como les ocurre a todos los grandes hombres, nosotros, sus limitados compatriotas, no nos hemos dado cuenta a la primera. La clave está en el afecto, en que todos, no sólo dentro del PSOE, nos movamos, pensemos, actuemos, intervengamos por afecto. El gran estadista se lo ha explicado muy clarito, para que lo entendamos, a Aizpeolea en El País.

Así, por ejemplo, cuando el periodista le recuerda las muchas críticas que recibió por nombrar ministros demasiado jóvenes sin experiencia, Zapatero no niega la bisoñez de algunos de ellos, sino que traslada el foco adonde debe ser, a los afectos, y dice: "Me dieron un apoyo enorme y mis afectos están intactos". Enternecedora forma de zanjar el asunto. Luego, el cronista nos recuerda lo sorprendente que fue no ver a Zapatero tras la muerte de Carrillo, pues era conocido "su afecto por él". Aizpeolea explica lo ocurrido de forma conmovedora:

Optó por la discreción y, al poco, pasó una "tarde muy agradable" con la familia del líder comunista.

Seguro que los Carrillo lo pasaron en grande con el entrañable líder.

Y como los afectos no sólo van hacia abajo y hacia los lados, sino que también deben ir hacia arriba, el expresidente dice "que siempre está dispuesto a hablar con el Rey, al que le une una relación de sincero afecto personal".

Así que, al fin vemos la luz. La clave está en los afectos. Ése es el camino. Lo que nos pasa en Cataluña con Mas, Duran i Lleida y sobre todo con Tardá se debe a la falta de afecto. Con afecto, lo resolveremos.

De todas formas, donde entrevistador y entrevistado rivalizan en brillantez es cuando hablan del "fin de ETA", eso que se supone que uno logró y el otro narró:

Zapatero sí estima que "la fuerza del poder democrático se puso de manifiesto en temas muy importantes, como el fin de ETA". Y entre unas y otras, situaría un ámbito de "decisiones democráticas que, aunque lo pretenden, no logran poner fin a los conflictos, que quedan a medio camino, sin un relato consistente". Se resiste a pronunciarse sobre sus aciertos y desaciertos: "No me siento a gusto. Tengo cierto pudor y no soy objetivo. Lo hecho, hecho está. Es pronto para pronunciarse".

¿Qué quieren decir? Chi lo sa? Pero qué modesto y afectuoso suena y, por otra parte, ¿quién dice que las palabras siempre han de significar algo? Lo primordial en el mensaje es que tiene que haber mucho afecto. Y pensar que cuando lo tuvimos de presidente no nos dimos cuenta de la suerte que teníamos de que fuera alguien tan afectuoso... Ingratos.

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